Gerardo Castellano: «Dios Padre»

Hace años Sacerdote en la Parroquia San Juan Bautista, un mediodía de abril nos encontramos con Gerardo para hablar del Padre en la religión católica. Tal vez porque recién llegaba del Hospital de Oncología Ángel Roffo donde también oficia cual Capellán, así comenzó la charla.

Devenir111:
   Contanos algo del Roffo, de tu tarea allí…
Gerardo:
   El Roffo está respaldado por la experiencia y cuenta con médicos brillantes a los que les gusta estar ahí, además de que eso les da renombre. A la vez de hospital es un instituto de investigación creado como tal dependiendo de la Universidad de Buenos Aires: hace cien años que están investigando el cáncer, con toda esa historia registrada. Nos pasó hace poco, una chiquita que vino del interior. En lo mejor de su provincia le dijeron que no sabían qué hacer, que el caso como se presentaba era absolutamente nuevo; y llegó acá y era la tercera persona que tenían registrada con esa misma manifestación clínica de la enfermedad.
   Mi orden de prioridades es el paciente, la familia del paciente y después el personal del lugar. Eso se manifiesta en el tiempo que le dedico. Yo voy a la mañana de lunes a viernes. Lo que hago es recorrer las habitaciones de los que están internados, el hospital de día con los que hacen quimio ambulatoria, pasillos, salas de espera… Mi intención es acercarme a lo que la persona necesita. Me presento, soy el cura, -no voy a decirle vengo para que recemos-… De dónde sos, cómo estás, qué te dicen los médicos, cuál es el proceso, estás con alguien, estás solo, necesitás algo… Muchas veces me toca gente que viene con alguna práctica de fe, me pide rezar y rezamos. Hay gente que está como sintiéndose llamada a reconstruir su relación con Dios a raíz de esta dificultad que hoy padece. Hay gente que te aclara que no tiene fe o que tiene una fe diferente… Pero hay momentos en los cuales las diferencias desaparecen. Creemos en Dios, estamos de acuerdo. Y otras veces es más en lo inmediato; hay gente que está sola. ¿Qué necesitás, agua? Para salir de la cama ¿chancletas, un camisón? O darles de comer, a quienes no pueden solos ni tienen familia.
   Y entonces es el sostenimiento y es muy duro, y a la vez yo digo mirándolo de afuera es que solamente es muy duro. Cuando vos estás ahí ves un montón de gente alegre, dispuesta a hacer lo que sea necesario para vivir, reconociendo cuáles son las cosas importantes de la vida y cuáles son las pavadas en las que uno se distrae. Y a veces el bien que uno hace… A veces es muy barato hacer el bien. Suele pasarme que hay gente que necesita hablar. Y hablar con un extraño es una cosa especial porque… Una señora no le puede decir a su marido, me quiero morir, estoy harta. A mí sí me lo puede decir. Porque está cuidándolo al marido mientras tanto. Y bueno, se descargan… Pero se aprende mucho. Un hombre de 75 años en la terapia, estaban pensando si le daban el alta o no. Mirá las cosas importantes de la vida… Me dice, “Yo me tengo que ir, porque tengo que llevar a mi nieta a la escuela.” O sea, la meta, la salud es para llevar a la nieta a la escuela. Flor de laburo, de razón para vivir…

Devenir111:
   El disparador de este número de la revista es Padre. Entonces, ¿qué es el Padre para la doctrina católica?
Gerardo:
   A lo mejor no soy muy ortodoxo… El padre es la primera imagen que uno tiene de Dios. Ahora cuando yo le tengo que hablar a alguien y decirle Dios es Padre, me tengo que agarrar porque hay que ver qué papá tuvo. En principio es no sólo el que da vida, porque tener un hijo es muy fácil, ¿no? La paternidad abarca seguir dando vida. El cuidado, el sostenimiento, la orientación; el modelo, los valores que se transmiten. Su presencia y firmeza en relación a la ley es fundamental. En principio básicamente eso. El seguir dando vida, el cuidar y el fortalecer los valores para que ese hijo después pueda valerse por sí mismo y ser buena gente. Apostar a las cosas importantes de la vida.
Devenir111:
   ¿Hay versiones distintas, rasgos diversos de Dios Padre en el transcurrir de la biblia?
Gerardo:
   Y, hay un crecimiento… es interesante… en la revelación hay un crecimiento muy parecido al que uno hace de pibe. En la Biblia las primeras impresiones de Dios… Es el que te pone las leyes, esto se hace esto no; y guarda que no se enoje. Es un poco como cuando era chiquito; yo hacía las cosas bien porque si no mi papá me iba a castigar. Tristemente hay gente que todavía se quedó ahí en la relación con Dios. También es culpa de la Iglesia, eh, se ha enseñado así mucho tiempo. Después, lentamente se van reconociendo otras cosas de la paternidad.
   Aunque hay signos, uno diría, ya desde… En el éxodo, cuando el pueblo de Israel va hacia la tierra prometida, Dios se manifiesta como alguien que está atento a las necesidades; tienen hambre cae el maná, tienen sed sale agua de una roca; hay un Dios que se manifiesta presente, acompañando en el camino, y respondiendo a las necesidades. Muchas veces se presenta como pastor y eso para para quienes viven esa realidad es muy significativo; el pastor vive con las ovejas, vive como las ovejas; vela para que no venga el lobo y se las morfe o que alguna se disperse y se pierda; la atención tiene que ver con la paternidad también. A veces es el cuidador de una viña, entonces lo mismo, tiene que cuidar, podar, ver que haya agua…
   La revelación… Algunos hace pocos años, los que más estudian la Biblia, fueron como trasladándose… Siempre dijeron que Jesús vino a hablar del Reino de Dios. Y últimamente dicen Jesús vino a hablar de la paternidad de Dios. Todo el foco de Jesús está puesto en que Dios es Padre. En lo más propio del Padre que es amar.
   Paréntesis: Juan Pablo Primero que en 1998 fue Papa 33 días, una de las pocas cosas que alcanzó a decir –y sorprende- es: como Dios no tiene sexo, si Dios es Padre, Dios es Madre. Hay algunos textos de la Biblia en donde Dios dice que lleva a su pueblo de la mano, contra su mejilla, con lazos de amor… Cosas muy maternales pero que en una cultura machista han sido desatendidas… Para nuestra sociedad o al menos para la formación o el ambiente en el que yo crecí… Una cosa es el padre que pone las normas y que castiga; otra cosa la madre que comprende, que siempre disculpa y confía en el hijo… Entonces ver que están las dos cosas en Dios, es interesante.
   Entonces bueno, ¿cómo se manifiesta Dios Padre en Jesús? Como aquel que ama; Jesús da la vida, para recuperarnos del lugar a donde nos habíamos ido con Adán y Eva…
Devenir111:
   ¿Dios y Padre son lo mismo, o Dios es una Trinidad –Padre, Hijo, Espíritu Santo-?
Gerardo:
   Bueno, claro, ahí entramos en una cuestión de fe que puede mucha gente aceptarla o no, para nosotros es Trinidad, sí. Es un mismo Dios, pero que tiene como tres funciones que nosotros llamamos personas. Más bien se le atribuye a Dios la creación. A Jesús se le atribuye más la redención, esto de salvar al hombre que se había perdido porque prefirió hacer sus cosas y no las cosas como a Dios le parece. Y un Dios que es esa comunión entre el Padre y el Hijo, que es el Espíritu Santo. Pero sigue siendo reflexión humana. No es fácil hablar de Dios. Se buscan maneras, caminos, hay centenares de libros escritos por gente que ha intentado acercarse a la realidad de Dios… Cronológicamente, el Padre está presente en el Antiguo Testamento, el Hijo en el Nuevo Testamento y el Espíritu Santo en la Historia. Jesús se retira y dice, bueno, les dejo el Espíritu para que sigan laburando como yo les mostré que había que laburar.

Iglesia Dios Padre (Nuevo Schoenstatt, Lomas de Zamora)

Devenir111:
   Estamos en tu Parroquia, San Juan Bautista. Corregime si me equivoco pero entiendo que: Cuando un ángel le anuncia a Zacarías el futuro nacimiento de su hijo, no lo cree pues él e Isabel nunca habían podido tener hijos y a esa altura ya cursaban una edad avanzada. Zacarías es “silenciado” por no creer en la palabra del ángel. Cuando nace el hijo, Isabel decide llamarlo Juan, a contramano de la tradición que requería llevase igual nombre que su padre. Eso convoca la intervención de Zacarías, quien escribe en una tablilla “Su nombre es Juan”. Y en ese momento recupera el habla…
Gerardo:
   Claro, porque hizo lo que el Ángel le había dicho, que se iba a llamar Juan.
Devenir111:
   Ah, es un dato relevante. Aun, parece desprenderse que hay algo estrictamente propio al Padre, a su palabra, ligado a la “nominación”, a dar el nombre: ¿es así…?  
Gerardo:
   Sí sí. De hecho cuando… San José es el encargado de ponerle Jesús a su hijo, que no es su hijo. A partir de ese momento que él lo reconoce y le pone nombre, ahí es su hijo. La cultura de Israel lo entiende así, y la Iglesia Católica viene de allí.
Igual el tema de nombrar está en el Génesis. Adán le pone nombre a los animales. Dios le confía la creación y es Adán el encargado de ponerles nombres. Incluso a su mujer –también hay machismo ahí-. La manera de hacerse dueño, le puso nombre. En muchas culturas todavía, pero en ese tiempo en Israel, el nombre revela la misión, no? Quién va a ser este pibe. Por eso, Juan. No me acuerdo exactamente la traducción pero algo así como Dios se acuerda o Dios cumple.

Devenir111:
   Cuando los fieles se te dirigen lo hacen llamándote Padre. ¿Qué te pasa cuando lo hacen, qué suponés esperan de ese Padre al cual invocan en vos?
Gerardo:
   Sí, como te decía… sobre todo con los chicos y los jóvenes, porque… yo soy padre de señoras y de hombres que son mucho más grandes que yo acá… Y a veces sí lo sos, por algún consejo, por alguna consulta, por alguna presencia, sobre todo en un momento de dolor, un momento difícil, no? Uno da… Quiere transmitir valores, quiere orientar, quiere guiar como cura y eso es paternidad. También quiere ser un espacio de consuelo, de sostenimiento, la fortaleza del papá que puede sostener en un momento de dolor. No porque yo sea más fuerte que esa gente, sino porque hay momentos en los cuales uno necesita a alguien que lo sostenga. Como me pasa a mí; cuando yo estoy sufriendo necesito a alguien que me sostenga. Y de alguna manera esa persona es un padre o una madre, que atiende a lo que te falta, te da más vida; en ese rato por lo menos.

Parroquia San Juan Bautista (Villa Devoto, Caba)

Devenir111:
   Dios envía a Cristo a nuestro mundo terrenal… ¿Cómo entender su voluntad como Padre, de sacrificar a su hijo, de “mandarlo al muere” digamos; la decisión de entregar a su hijo como objeto de sacrificio?
Gerardo:
   Claro… Dios no quiere que a Jesús lo sacrifiquen. Pero sí quiere que Jesús sea fiel al mensaje que tiene que dar; y esa fidelidad es la que lo lleva a la cruz.
   Un padre no quiere que su hijo sufra, pero sí quiere que crezca y sea fiel a lo que es. Si el hijo quiere ser médico… y bueno va a sufrir porque va a encontrar que hay médicos que comercian, va a encontrar un mundo difícil… No lo podés evitar, porque el crecimiento personal incluye muchas veces el sufrimiento, el dolor. Entonces… Una cosa es que Dios sepa que lo van a crucificar y otra cosa que Dios desee eso.
Devenir111:
   Él lo sabía…
Gerardo:
   Lo sabía, y de hecho… Es interesante en los relatos que escuchamos en estos días después de la Pascua… Jesús se encuentra con los discípulos para que lo reconozcan; vos si querés que alguien te reconozca le mostrás la cara; pero dice, toquen mis manos y mis pies. O sea, lo que quiero que reconozcan es el amor de Dios. Yo hice esto por amor. En definitiva es esto que Jesús pide a los discípulos. Que él nos ama más que a sí mismo. No es amar al prójimo como a ti mismo, es más, es morir yo para que vos estés bien. Que es la experiencia de la paternidad. Hace muy poco tiempo un señor me decía, un hombre de 70 años, con cáncer, con tratamiento, «doy gracias a Dios que esto me pasó a mí y no a mis hijos y que me pasó ahora que mis hijos son grandes». O sea, si hubiera pasado antes, no es mi problema, es el problema de cómo hubiera educado a mis hijos, cómo los alimento… Ahora ya mis hijos son grandes, como diciendo viste… Yo ya hice mi parte, no? A mí me ha llamado mucho la atención. La mamá es más expresiva, seguramente al varón le pasa lo mismo, pero la mamá que ve al hijo sufrir lo que más desea es que ese sufrimiento se lo cargue ella y no él. Me pasó hace muchos años con una mamá en un santuario que fui a confesar. Me contaba que el marido la maltrataba, le pegaba… Y en un momento ella sola me dice, «usted está pensando por qué no me voy de mi casa, no? Yo una vez me fui de mi casa, pero mis hijos sufrieron mucho. Prefiero llorar yo y no que lloren ellos.» Es el martirio… Está bien que hay otros recursos, en este caso de la violencia doméstica. Pero quiero decir, es lo misterioso de que una persona sufre… feliz porque está evitando el sufrimiento a otro.
Devenir111:
   Pero ese sería un caso precisamente inverso al de Dios Padre, cuando hace que el que sufra sea su hijo…
Gerardo:
   Está bien, sí, pero él sufre también viendo morir a su hijo, no? Es complejo, es complejo, sí.

Devenir111:
   Algo ya dijiste al respecto pero, según tu experiencia, ¿hombres y mujeres viven distinto su relación con Dios, con el Padre?
Gerardo:
   Sí. En general, y eso lo ves en estadísticas, hay más mujeres en las parroquias y en las comunidades religiosas. Creo que tiene que ver con la psicología femenina, que tiene más sensibilidad con las cosas no materiales. Que está hecha para recibir incluso hasta físicamente; recibir la penetración del varón, recibir al hijo adentro… Hay toda una cosa que me parece que no es solo física, que habla de algo mucho más profundo. La dependencia que tiene la mujer respecto desde sí misma y de su cuerpo, la menstruación y tantas cosas que el hombre no tiene, que la hacen estar más en contacto consigo; y las vincula con Dios menos racionalmente. El hombre es más como el Occidente y la mujer es más como el Oriente.
   Yo estuve muchos años en San Cayetano. La expresión popular de la fe sería casi femenina, en el sentido en que la gente en las expresiones populares necesita su cuerpo; hay que tocar, prender una vela, llevar una flor, caminar. Nosotros estamos más acostumbrados a que la oración es estar en un lugar aislado, calladito, con las manitos juntas, nosotros rezamos de esa manera. Y en la paternidad y la maternidad lo mismo. Yo grabo el mensaje del Evangelio todos los días. Y una vez dije, «nadie ama lo que no conoce». Y una mujer mamá me dijo, «eso no es verdad; yo amé a mis hijos antes de conocerlos». «Tenés razón», le dije; «eso me pasa porque no soy papá». «No»; me respondió: «eso te pasa porque no sos mamá…» (Ríe)

Devenir111:
   Da la impresión que la sociedad de consumo y el avance de las tecnologías, reducirían la religiosidad. ¿Cómo lo pensás?
Gerardo:
   En principio todo aquello que tiene que ver con la priorización del propio bienestar, la búsqueda de satisfacer gustos todo el tiempo sin postergación, eso afecta todos los vínculos; entre hermanos, padres, hijos, amigos. Y obviamente también el vínculo con Dios, y con bienes espirituales, que no son tan tangibles. Cualquier religión, en particular la católica, apunta a pensar en el otro, en el bien de los demás.
   La tecnología… es una maravilla que puede hacer mucho bien, pero como todas las cosas, depende cómo se use. Aunque a la vez el efecto que provoca –pienso sobre todo en los chicos y los jóvenes aunque a los adultos también nos pasa-; tener una vida delante de un aparato, un celular, una tablet, una computadora, que atrapa, que termina siendo una cosa adictiva; eso también hace que los valores un poco más elevados, incluso los religiosos, vayan quedando relegados, que se empiece a perder interés por ellos.

Devenir111:
   No sé si has tenido trato con Jorge Bergoglio, el Papa Francisco, pero si se encontraran hoy en una campechana mesa compartiendo el pan, ¿de qué charlarías?
Gerardo:
   Fue mi superior 15 años. Todo lo tenía que hablar con él. (Me muestra una foto juntos) Esa es una foto en su cuarto en Santa Marta, año 2013, el mismo año que asumió, un hermano mío me regaló un pasaje para ir a visitarlo. He intentado, todos los años por lo menos una vez iba a verlo personalmente. Él venía a San Cayetano el 7 de agosto y pasábamos varias horas recorriendo con los peregrinos… Sí, tuve mucho trato.
   Yo charlaría del hospital, de la actividad… Es lo que hicimos. Las veces que fui y tuve oportunidad de estar con él a solas un rato… Quiere que le cuente cómo está Buenos Aires, qué novedades hay, cómo estás vos, qué estás haciendo… Eso.
  Cuando su figura se puso un poco más conflictiva evité entrar en temas políticos, de por qué hiciste esto o lo otro. Sostengo lo que dije desde un principio; nunca fui Papa. No puedo ni imaginar lo que es estar ahí. Es generoso, austero, nunca tuvo nada para sí. Además tiene el don de tener muy buena memoria… A mí me dicen Archi, ese es mi apodo. Aramburu cada vez que te veía te preguntaba tu nombre. Bergoglio al tercer mes que nos cruzamos en un pasillo me dijo, «che Archi» no sé qué cosa… Ojo, yo también lo cuestiono por algunas cosas que hizo y hablamos con la gente con mucha transparencia. Pero Bergoglio es Kasparov, cuando hizo esta movida ya pensó en las seis que le siguen. Y el Papa es para que yo lo siga en la fe…

Devenir111:
   ¿Tu papá está vivo?
Gerardo:
   No. Falleció en el 2000, yo tenía 39 años, con un cáncer…
   A los dos meses, mis padres vivían en San Juan, fui a celebrar una misa de los dos meses que me había pedido mi mamá, y cuando estamos yendo a la iglesia me dice; «no te pedí una misa triste de difuntos, te pedí una misa para dar gracias a Dios de lo que tuve con tu papá». Y me mató. Porque yo que venía con el dolor de no tener papá… Entonces digo, ah, pero yo tuve un papá 39 años, y uno bueno. Hay gente que no tuvo papá, hay gente que tuvo un papá que hubiera sido mejor no tener, no?
Devenir111:
   ¿Alguna anécdota con tu viejo que te parezca significativa y nos quieras contar?
Gerardo:
   Mi papá dudó cuando yo entraba al Seminario, no quería que entrara, dudó que ese fuera mi camino, tenía miedo de que la Iglesia me lavara el cerebro y yo hiciera algo condicionado; no sé qué imagen tendría de la Iglesia pero un poco esa. Entonces en la primera reunión que tienen los formadores del Seminario con los papás sin nosotros, mi papá levanta la mano y dice a los formadores: «Yo considero que esto es un noviazgo. Puede ser que mi hijo termine casándose o no, siendo cura o no. No le tengo miedo ni a que rompa ni a que se case. Le tengo miedo a la suegra, y las suegras son ustedes.»
   Dos o tres años después mis viejos ven que mis compañeros que querían irse del Seminario se iban, se fueron varios, y que yo estaba bien. Y ahí mi papá una vez charlando los dos solos me dijo, «veo que estás feliz y es lo que yo quería». Se opusieron a mi ingreso y después celebraron. Y después de muchos años yo ya siendo cura, la bendición de mi papá fue decirme, «veo que vos estás donde tenés que estar».
   Ya está… Es una confirmación que aquel que, conociéndote bien, primero se opuso, ahora diga che la verdad que, era esto…

Parroquia San Juan Bautista

Gerardo Castellano, sacerdote de la Parroquia San Juan Bautista, capellán del Hospital Oncológico Ángel Roffo.

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