TU SANGRE FRÍA
A mi padre, Miguel Valiente
Ausente amor que yo imagino
abrazándome más allá del sueño
raíz de mi fantasía y de mi empeño
ausente amor que yo imagino
por ti no sé adónde me encamino
el frío
me
va
cortando
leño
a
leño
el mismo frío que sentía de pequeño
por ti no sé adónde me encamino
estoy perdiendo la fe que domino
se arruga mi cara se frunce mi ceño
y esto es todo lo que al espejo enseño
ausente amor que yo imagino.
(de El lado opuesto al viento,
Parnass Ediciones, 2010)
CAFÉ RECIÉN HECHO
Me gusta el poeta que ahora eres,
el hombre en el que te has convertido.
Lo dice todo el mundo:
―Se nota que tu mujer y tú
sois los dos escritores de culto.
Tenéis una habitación
con varias estanterías repletas de libros,
las mejores voces de la poesía,
una lámpara de suave luz
y una butaca junto al balcón.
Todo esto irá fuera...
Es lo que contesto. Y sonrío.
Aquí estará la habitación de mi hijo.
Pondremos
todas estas hermosas palabras
―amor, libertad, sueños―
de nuevo
a funcionar.
(de El camino de Angi,
Poémame Editorial, 2020)
UN SALTO DE FE
Mi hijo
ya va teniendo expresiones.
¿Acaso podía él sospechar,
cuando estaba en el vientre materno,
lo que iba a encontrarse en este mundo,
este mundo que también es un útero,
pero de asfalto y cristal?
Y yo me pregunto:
cuando uno muere
―ya sea por condición natural
o por muerte consciente―,
¿qué es lo que hay?
La vida,
lo reconozco, me da
muchísimo más de lo que soy
capaz de comprender.
Ahora intuyo su valor:
la auténtica belleza
es igual de invaluable que el vacío.
La verdad no es un conocimiento.
La verdad es una experiencia.
Y al morir,
hay algo que va más allá
―y es todo lo contrario―
de la imaginación:
un salto de fe
que damos, sin razón,
hacia nuestro rostro original.
(de Algo te queda,
Ediciones Vitruvio, 2022,
Libro Finalista del XXIV Premio de Poesía
Ciudad de Salamanca)
NO QUIERO PERDERTE
COMO PERDÍ A LOS DEMÁS
Si tengo el impulso
de buscar la muerte
siempre que me separo de mi hijo
—después de dejarlo con mi ex-mujer—
siento que hay algo que me estoy perdiendo,
que no estoy haciendo bien:
porque si recobro el sentido cada mañana
se debe a que el más leve beso que recibí de él
vale más que diez mil galaxias.
Excepto a una promesa
lúcida, de vida, sonriente — me digo—:
no te enganches a nada.
No quiero perderte como perdí a los demás.
Yo te aseguro, hijo mío,
que estaré donde tú estés.
(Inédito)
HA SIDO ESE NIÑO
En el bar de las grandes esperanzas
al que voy cada sábado con mi pequeño,
desde su rincón ella aparta
los ojos del portátil
(donde se aplica en cumplir los ejercicios
de sus estudios escolares)
y me asegura que de mayor será escritora,
que la ayude a despejar sus dudas,
a publicar, como yo, muchos libros,
a seguir mi ejemplo.
Un poeta solo debe —le digo—
escribir sobre lo que más sabe.
Cuando crezcas y te pregunten
de quién has aprendido
a escribir así, pronuncia mi nombre
y señalando con el dedo
cualquiera de las fotos o los versos
en los que estoy aquí
—sacándole la lengua al tiempo—
junto a mi bendito hijo,
tú sencillamente responde:
ha sido ese niño.
(de La bella lejania,
La Garúa Libros, 2023)

Abel Santos, poeta nacido en 1976 en Barcelona, España. Ha publicado los libros de poesía ‘Esencia’ (1998), ‘El lado opuesto al viento (2010), Todo descansa en la superficie (2013), Jass (2016), Las lágrimas de Chet Baker caen a piscinas doradas (2016, 2da edición 2017), Huelga decir (2019), El camino de Angi (2020), Algo te queda (2022), La bella lejanía (2023), y su Antología Poética 1998-2014 Demasiado joven para el blues (2014). En 2015 coordina la antología de varios autores ‘La casa de los corazones rotos’. En 2011 fue encargado de prensa y relaciones públicas del I Festival de Poesía y Microrrelato: Vilapoética, de la ciudad de Viladecans. En 2018 gana el II Concurso de Poesía “Perfecto Esperpento” contra El Estigma en Salud Mental. En 2021 queda finalista del XXIV Premio de Poesía Ciudad de Salamanca con su poemario ‘Algo te queda’. Algunos de sus poemas han sido traducidos al árabe clásico, al catalán y al inglés.
@lapoesiacontinua
