¿Habrá algo más difícil que prohibir la risa?
Laura Devetach
I
Los chicos
Larguísima cola
dos cuadras casi
mujeres, chicos, algunos hombres
la mujer contesta que sí
que a las 8 abren, es la segunda vez que viene
porque se equivocaron en una letra
“¿y tenés que hacer la cola otra vez?”
“ y sí… ”
Recién llega y sabe que tiene para toda la mañana
sólo espera llegar al bendito número
sus chicos están cansados
recién llegan y ya están aburridos
descubren una pequeña rampa
y ahí se van, suben y bajan
se trepan a un caño
la madre les dice que se corran
que está muy cerca de la calle
entonces piden algo
justo en la puerta de un kiosco está detenida la fila
la mujer les da un paquete de galletitas que saca de su bolso
los chicos agarran una con desgano
vuelven a la rampa
ella los reta, que basta, que se queden quietos
suena el celular, la mujer atiende
ellos, sabiendo que les van a conceder el deseo
vuelven a pedir algo
es que ni el kiosco ni la fila avanzan
la mujer les da unas monedas
mientras sigue con el teléfono
los chicos van iluminados a comprarse algo
y vuelven con dos chupetines
se sientan en el piso
mientras saborean
comienzan a reírse
y se ríen fuerte, acompasados,
con el chupetín en la mano
la madre les dice basta y guarda el celular
ellos siguen, claro,
¿cómo cortar la risa?
“¡basta les dije, a los dos!”
Ellos se tapan la boca con el chupetín
pero la risa sigue
¿cómo bastear la risa
cuando es tanta y sos niño?
La mujer se enoja tanto
que sube su tono de voz
levanta a la nena de la oreja
(¿por qué a la nena?)
y la sienta del otro lado
-así no se van a reír más, dice
los chicos quedan por un rato sin mirarse,
la nena llora
el nene come lo que queda del chupetín
busca hormigas en el piso, juega
hasta que llama a su hermana
por detrás de la madre
se miran y se vuelven a reír,
despacito, casi en silencio,
a reír, cómplices,
la mamá otra vez los mira
ellos se ponen el chupetín casi
palito en la boca
ellos saben que no es bueno reír tan fuerte
ya lo dijo su mamá,
y debe ser cierto porque todos en la fila se callaron,
entonces, ríen callados
ríen por dentro
con risa de niño
con gusto a posible
II
La madre
y ella ¿por qué no ríe?
¿qué le dijeron por teléfono?
¿tan triste está que no ríe?
¿tendrá caricias, abrazos, amor?
¿tendrá trabajo, amigas, comida?
¿tendrá miedo, tanto, que le impida reír?
¿tendrá rabia, enojo, soledad?
¿por qué no les pide a sus hijos que le cuenten y se ríen los tres?
¿no sabrá o no querrá reír?
no sabe, no quiere
¿no puede?
De “Mujeres en un cuaderno borrador”, Macedonia ediciones,2011
--
mi hija cree que
si no le digo “suerte”
cuando se va
algo terrible podría pasarle.
mi hijo cree que
si estamos en la calle
y le doy la mano
estamos a salvo.
lo que mi hija e hijo no saben
es que yo, que creo en pocas cosas,
creo tanto en ellos
y también me protejo
deseándole suerte,
dándole la mano,
antes de irme.
Inédito (2007)
--
Entonces esa flaca debilucha
cara pálida, ojos de cielo tardío
(quién lo hubiera dicho)
iba a sostener los cofres antiguos,
los vasos, los silencios,
las frutas, cada una en su cajón
lo no dicho, las miradas,
las botellas vacías,
el árbol, la vereda, la calle
los comentarios por lo bajo y por lo alto
lo cierto, lo oscuro
el brillo de la enceradora
el tocadiscos de los sábados
los veranos solitarios,
las cortinas azules del cuarto,
las balanzas
y el amor, claro
el amor.
De “Entonces mi padre”, El mono armado, 2016

Elizabeth Molver, poeta, escritora, gestora cultural, docente de Educación Especial, bibliotecaria, bibliotecóloga (1969, Buenos Aires). Tiene publicados 5 libros de poesía, entre ellos: “Mujeres en un cuaderno borrador, Macedonia ediciones”, 2011; “Entonces mi padre, El mono armado”, 2016; “Con hilván simple”, Ombligo cuadrado ediciones, 2021 y uno epistolar “De norte a sur. Cartas a / de Malvinas”, Elefante negro ediciones, 2024. Sus poemas están incluidos en varias antologías. Co-Coordinó ciclos poéticos. Actualmente coordina talleres literarios para infancias, jóvenes y personas adultas.
