Camila Ossorio Domecq: «La amistad»

«Pocas palabras llenaron el aire con el poder de una plegaria: “Tu amistad, oh YHWH Dios, es mi herencia; será mi legado».”

I.

Es mi amiga, quiero verla feliz. La conocí el mismo día en que quedé completamente sola. «Ven de la mano conmigo, te invito a conocer los secretos subyacentes de una Biblioteca prohibida. Ahí puedes encontrar el misterioso agente de la muerte. Los zombies seglares, los idiomas ilustrados en la memoria de quienes ya no viven, los ritos rítmicos de la mentira blanca. Las máscaras en trance, el entretejido de una confusión que hace historia: siempre «una rebeldía» es buena: Siempre, «rebelde» , gran mentira que oculta la perversión de un sistema rebelado ante la verdad, que, otra vez «rebeldemente» tiende a incorporar, deglutir, los secretos propiciados por ese ángel: el mismo
que por soberbia desde un tiempo hasta esta parte cayó rompiendo la vida misma”.

De cara a la nostalgia de un tiempo que no fue; de cara a la alegría que vendrá. De cara a la tristeza de un abandono estructural, de cara a los años que rebeldemente peleé.

Hay un juego de mesa en ese cuadro, la pintura porteña de un amanecer que te busca. Hay un amanecer hermoso. Es temprano. Demasiado temprano… ¿Podré acostumbrarme?

II.

Ella es mi amiga. La quiero, la protejo. Ella es de mí. Pues yo misma soy de mí. Ambas, una rebelde (como en un Monasterio) callando. La otra, devota, gritando «no vuelvas»; y va en serio.

Otra mi amiga: Yo no te menciono; pero a menudo mi corazón toma, como superficialmente, tu nombre. Y entonces, de sólo pensarte y mirar dentro de mí otra vez (gracias a Dios) empieza a correr la alegría, corre la esperanza, mi amor, «Tú sabes que te amo», mi amor.

Este tiempo, la extensión que dura el anhelo y la espera. Nada es normal, a decir verdad, todo es anómalo. Todo es tan terrible que decirlo sería peor que el hecho mismo de la existencia del mal. Confesar la mirada del mal pone en peligro a quién no juega ni timbea su vida.

III.

Hay muertes que, desde el punto de vista semántico, son significativas como cuando se trata de un absoluto. Imperios forjados en prevalencia del pavor están siendo atravesados por la memoria de los tiempos.

Desde el punto de vista semiótico, la luz vence a la oscuridad: sucede así también en las paletas neutras. El blanco en cualquier disposición se distingue del negro por contraste. Desde la semiótica médica, los diagnósticos ensanchan hasta la jurisprudencia los contrastes entre lo que es dicho, lo sugerido, lo indisimulable y lo que se calla, las intenciones y la resultante final: ésa que no llega, y que sólo será por prepotencia de vida.

Una muerte es más que una muerte: el espacio se esfuma. Encontrar y llenar de sentido ese vacío, inerte, en la inercia misma de la inacción violenta. Son espacios cuya conciencia se desintegra dejando el vacío referencial: un castigo que grita su horror hasta secarse.
Esa oportunidad perdida ante los ojos de Dios.

IV.

Amiga mía, no quiero olvidarme de tí. Pero quiero extenderme acerca de ésto un poco más: hay una herida vital que no muere: el cuerpo del delito es exhumado. Sus obras son exhumadas. La vergüenza es exhumada. El sistema pretende callar. El sistema es interpretado. Los valores son relativos, relativizados. La moral y una «ética» X están en pugna. La ley legisla. El Derecho estipula en base a las leyes y al talento de ése (un) artista en el arte de la simulación, el defensor de la virtud que mejor paga.
Caso contrario, (ése) un artista del arte del Derecho, a contramano del mundo.

V.

“Resisto a tu ausencia, Camila. Es mucho el amor. Un entorno pequeño en un mundo enorme, restringido”.

Busqué distraerme, balconear. En medio de un extenso letargo hipnótico llegué a separarme de tí, de mí, de cuántas he sido, de quiénes fuí. Pero estoy cerca. El camino es correcto: estoy cruzando la
frontera de la historia hasta hacerla verdad. Me ofrecieron alternativas a la vida: Señor mío, no hay alternativas. La salida es hacia adelante.

Mientras el caos avanza, arden los vientres y la vida muestra su color invisible de la fe. ¿Por qué no hay alternativas a la guerra? ( ¿a cualquier guerra?) Compite, desguaza, ama, mata, llora, irreflexivamente. El triunfo en una guerra es un poco más que la imposición sobre un Otro. Es el dominio pleno ante la conducta en el mundo. Es el derrotero de la tinta, es el triunfo que valida a quien triunfó.

VI.

Decía: Mi amiga venía de mi mano, sola, sola siempre, pero arrebatadamente pasional, modesta: ella es la hija de una loba que aulló ante la muerte, y que, ante la muerte, le escribió la Bendición más bella.

Desde el Nombre único, desde Dios (el Uno y el mismo), tetragrámaton eterno pero en sintonía sincrónica hasta su voluntad, su presencia animal de madre que vuelve, el amor entre los tiempos: la espera consciente de una revelación que me abrazará hasta mi día. Será ese día como hoy: Madre, sigo esperándote.

Lealtad

En el medio de la nada
ella alzó su voz.

Levantó, inmarcesible, su puño derecho,
/en señal de lealtad/.
De su corazón las palabras se intuyeron
interrogantes lanzados desde el centro del pecho:
el grito de paz,
el grito guerrero hacia la paz,
el puño icónico hacia la paz,
-navegante y mártires del desconsuelo
hacia la paz.
Amor y cautiverio, así surgimos,
principios de contornos sujetos en la aurora.
Paz idéntica a la paz de otros tiempos venideros,
corazón que entrevera y entrevé
como entre luces a través de un ventiluz,
la luz desde el ensueño y el desarme victorioso
la vida consecuente con el acto de estar vivos.

Camila Ossorio Domecq, poeta y periodista. Nació en México. También nació en Argentina.

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