Camila Ossorio Domecq: «La niñez»

Era niña. Mi madre y yo estábamos escuchando un programa radial en la cocina de casa. Era una radio negra marca SANYO. Teníamos, además, una televisión en blanco y negro. No había hacia aquellos años TV en color. 

Mientras escuchábamos acerca de la guerra de Vietnam, (acontecida entre 1955 y 1975, años antes de este encuentro discursivo en la cocina de casa, en Texcoco, México), le pregunté, curiosa: «¿Pero cómo? ¿Todavía existen las guerras? Creí que ya no existían». Se sorprendió. Las dos nos sorprendimos. Ella, por la pregunta. Yo, por la respuesta. 

Era moneda habitual hacer acrobacias en el patio. Trepaba por la pared, caminaba haciendo equilibrio por la tapia, me subía a los techos, y era propietaria de una pistola con cevitas junto a una estrella dorada con la inscripción SHERIFF. Las aventuras, para bien o para mal, formaban parte de un algo más grande que yo no desconocía: la dimensión de un tiempo feliz. La dimensión de una Patria que era mía; de una nacionalidad indiscutible (de un sentimiento de pertenencia que era total). 

Nuestra casa tenía PB y dos pisos más. En la planta baja, una cocina luminosa, una separata y el comedor; más allá, una sala de estar con sillones forrados en piel de corderito y una chimenea. Preciosa chimenea para esos crudos inviernos de México.  

En el primer piso había tres habitaciones: la de mis padres, la que compartía con mi hermana y otra destinada a las visitas de nuestros abuelos, que sólo algún tiempo después fue la de nuestro hermanito. Papá tenía un estudio en el segundo piso. Era precioso. Mapas, luz, ventanal, papeles, diarios, máquina de escribir y la visual que daba al jardín de casa, con pinos, césped, arañas, coloridas catarinas y lagartijas.

Hoy pienso que todo eso era tan lindo… ¿qué consideraciones puedo llegar a tener acerca de la niñez (acerca de mi niñez)? Y ¿qué relación tiene con la guerra? ¿Qué es de un nacimiento cuando tiene lugar en instancias de guerra? ¿Es la guerra condición para preguntarse: ¿qué es la guerra sin cuartel?

Y nos desplazamos hacia una consideración revolucionaria. Vamos al poema en cuestión. 

Un vaso de agua. Un trago

Un vaso de agua,
inmutable...impasible...
puede lograr la revolución.
¡Agua camaleónica en estados!
¡Falta y sobra de pasión!
Consistente en esencia.
Solo un vaso. Uno.
Y el agua fluye, viva,
y exaspera y llora
híbrida y guerrera
nauseabunda o en vitreaux.
Un vaso de agua. Un trago. Uno.
Solemne...inquieto...
es revolución.

El poema expresa (que) un vaso de agua puede lograr la revolución. El agua, en realidad, marca límites entre la muerte y la vida, por exceso o carestía. Y es por el agua (hoy, en nuestro país) que pelean potencias extranjeras para apropiársela y hacer de ellas ese negocio que la casta apátrida brinda con alegría desguazando a nuestro Estado nacional, y con él, a nuestro país. (Recordar: sin Estado no hay Nación). 

Vamos adelante. Si pensáramos en la posibilidad de haber gestado alguna «revolución» desde nuestras infancias, me remontaría a instancias personales, singulares, que hoy marcarían trascendencia. Estamos hablando del «efecto mariposa» (concepto que fue acuñado por el meteorólogo y matemático estadounidense Edward Lorenz, y que constituye el pilar fundamental de la Teoría del Caos), que se resume en la frase: «El aleteo de una mariposa en Brasil puede provocar un tornado en Texas». (AAAS, diciembre de 1972). 

Para hablarte de mi infancia, debo acudir a mi memoria y restituir contextos culturales sumamente distintos a los actuales. Debo remitir a la lectura. A mis primeros anteojos. A las dinámicas familiares y sociales. A sistemas y medios de comunicación selectos, pocos, que copaban «la información», (restringida entonces a unos pocos canales de tv, radio y medios gráficos). Hoy la verosimilitud compite con la veracidad de la información; el deterioro informacional, además de constituirse como espectáculo, suma la creación fake de videos, fotografías, testimonios, etc., haciendo uso de plataformas que generan realidades virtuales. Mercancía, poder y fake, de la mano de dinero ruin y de la desinformación. 

Nuestras infancias. Niñas y niños. ¿Qué leíamos? El Principito, de Antoine de Saint Exupery; Platero y yo, de Juan Ramón Jiménez; Marcelino Pan y vino, de José María Sánchez-Silva; Cyrano de Bergerac, de Edmond Rostand; Corazón, de Edmundo D’Amicis, los libros de literatura de la Colección Robin Hood, de la Editorial ACME (con narraciones y cuentos como Cuentos del año 2100, Cuentos del año 2200, Heidi, Papaíto Piernas largas, Mujercitas, La isla del tesoro, Sandokán, etc.), o la Colección «Elige tu propia Aventura», cuyas publicaciones en los años ’80 y ’90 (realizadas por la Editorial Atlántida) hacían felices nuestros días.  

Siendo joven me involucré en la política universitaria. Error garrafal. Una pareja de ese espacio (M y G) (que después se unirían en sacro- matrimonio), constituyeron como leitmotiv de su unión (mi nombre, mi persona: todo lo que «no». Y así criaron a su pequeñ@ retoñ@ (igual a su madrx). Sin conocernos, nos cruzamos en una parada de colectivo, y nos reconocimos. Entendí claramente mis ‘no’ en la vida, y pensé: ¡qué orgullo, Camila! Así, sí. Y entendí también por qué esa mujer «se colgó férreamente» de mí. Pero, ¡ah chalay! Esta mujer, en su búsqueda de «llenar todos los espacios» que, según me comentan, conoció bien Camila, se ocupó de emular y ser y «conquistar» todos los lugares que Camila había conquistado. Según me dicen, se sumergió en el estudio del Tarot, y se introdujo también en los conocimientos de brujería. Sacrosanta G: estás desactualizada. Ya que me emulas en lo que puedes, estudia la Biblia: te hará mejor persona, menos insegura y podrás terminar de criar a tu retoña sin resentimiento. Ah, por cierto: hace años que soy estudiante seria de la Biblia, y dejé todas esas prácticas que hoy llenan tu espacio inseguro de seguridades cómodas

Bien. Este poema les dediqué a G y a su esposo, creería que en el año 2000 ó 2001

Hablando de infancias, de la desgracia que no hace reír, de las muertes que ni tú ni ella ni yo queremos, nunca más.

Tratado sobre la muerte del ángel

Nació ayer.
El día inaugural,
el segmento simple.
Breve día.

Premonición...
Acento ducho...
Acechanzas –ha arrojado.
Amenaza muda, sombría.

Muerte hacia el futuro de los que han sido alguna vez.
Muerte del presente de los que de poder no han sido.

N o -e s- n a d a.

Viene y se persigna frente nuestro.
Lleva en su mano
el Pater Noster.
Habla del oráculo,
de su necesariedad,
de las efigies de Egipto,
del azar y la rupia;
de los designios causales.

Habla de la aventura del cautiverio.
Habla de lo inexplicable.
Habla de manjares vacíos
y de estómagos prominentes.

Habla del ritual de la salud
y la aspirina.
Habla de la higiene mental y
de la cura de sueño.

Habla del miedo. Del terror a estar solos
-alguna vez-
sin la voz materna,
sin la caricia de aquél que engendró,
o el amor del hombre que
fiel al tiempo es uno,
de los honores del cuerpo
a través y dentro de él.

Habla del incesto,
del conjuro a la nostalgia,
-presos de la enfermedad
de lo insoportable,
de la pérdida,
del juego que antaño
hacía alegres a muchos.

Ellos escuchan.
Ambos en su paso
procurando desviar la cornisa.
Será otro el principio.

Trinos se oyen por ahí.
A lo lejos, el vuelo del niño.

Epígrafe tardío

Hora de comer

- ¿Qué comemo' hoy?
- Calcetas.

La hora

Miró el reloj.
Eran casi las dos de la tarde.
Quince minutos la separaban del tiempo real.
Era verano y tomó su abrigo.

El paraíso infernal de los signos bajo tortura

Falsos apóstoles del peronismo universitario, falsos apóstoles de la educación Superior; calzones abajo que hay mucho por repartir: la corruptela mesiánica promueve sistemas de tortura evolucionados (que forman parte de los llamados «guerra sin cuartel» (Luro Pueyrredón (sic)), y sumado a esto obras de satanismo generando pavor y espanto. La política universitaria se convirtió, devino, en una horda de horrores impensados, de referentes perturbados, de impotentes morales. Las autoridades, en enemigos del militante afín. El sistema de propaganda, formulado desde un sistema ciego dentro de un pozo ciego: probablemente imposible de revertir. Era una niña, no una infante: su edad emocional era la de una niña. Carismática, querida: el sistema de propaganda se encargó de reescribir «la» historia, a la que le arrancaron las páginas centrales: las de su testimonio, su «participación» en esa narrativa.

El siguiente poema fue escrito a fines de los ’90, y convidado a leer al Prof. Jorge Panesi, titular entonces de Teoría y Análisis Literario I. Su respuesta fue una mirada. Siempre todo el amorDr. Panesi.  

Acudo

De quién es el grito
de quién el clamor
el que pelea
la rabia
el juego de las escondidillas
y el arte sublime de crear.

De quién es el ruedo mágico.

Está la puerta entornada.
Está el asiento depuesto.
Está la silla giratoria
y la noria...la rueda que inclina
y la balanza que pesa
y el gallo que gira
Norte Sur Oeste Este.

¿De quién era el grito?

Ya no importa de quién era el grito. Tampoco importa si «los malvadxs hacen rodar la moneda falsa y lxs hombres de bien la desparraman».

No importa que «la comunidad» de ciertos círculos universitarios se haya alimentado de mi desgracia y hayan hecho de aquéllo su bandera existencial. ¿Algo, entonces, importa?

Fue una infancia feliz.

Vamos cerrando. A veces, no recordamos ni podemos recordar. Estocolmo está en tu cabeza, no en la mía, (literal). Por otro lado, (y para esmerilar un poco tu espectro narcisista, entre otros peores), tampoco te reconozco; pero vi tu miedo, tu miedo

Querrás algún día revolver algún papel perdido. Tranquilízate. El tiempo Pasó.  

Qué Dará 

Quedará

colgada de un marco
la rebelión del olvido.

Marco de eternos afluentes...
de tiempos e instantes
perdidos.

Quedará

colgada e impía
a la conciencia evasora
activa,

en el marco

de mi mente
y la vida...
la rebelión del olvido,
(que no olvida).

Los presentes poemas corresponden al libro Escenarios: De Rito y Retorno a Postmodern, mi primer libro editado (Editorial Hespérides, La Plata, Argentina, 2005)


Camila Ossorio Domecq, poeta, periodista, analista del discurso (UBA). Se recibió de Licenciada en Letras en el año 2003. Nació en México. También nació en la Argentina.

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