En la cuenca del Albigasta,
donde el sol arde sin tregua,
y el viento solo trae polvo y calor,
el río susurra,
pero su voz ya no es la misma.
Es un suspiro ahogado,
un grito ahogado entre las tierras secas de Frías.
"¡Agua! ¡Agua!"
se escucha entre las piedras,
pero es un clamor lejano,
un eco de aquellos que saben
que el agua aquí es más que vida:
es esperanza furtiva.
Y en ese abrazo ardiente,
el aire pesa como plomo,
y la tierra, como una hoguera,
se quema bajo el sol que no perdona .
Los arenales parecen cerrar sus puertas.
El Albigasta, canto de monte
ahora se arrastra, cansado,
parecen negarle verdes sueños,
hoy miran hacia el río con ojos vacíos,
y la tierra, quebrada,
sólo guarda recuerdos de lluvias que ya no llegan.
Las lágrimas del río, tristes y amargas,
reflejan el dolor de un mundo quebrantado
hoy se ahogan en la oscuridad de una temida contaminación.
mientras el hombre sigue sin escuchar el llamado.
La codicia y la indiferencia, atentan ser sus peores enemigos,
y convertir en veneno lo que antes era un regalo divino.
"¡Madre, madre, no me dejes morir!"
se oye en el murmullo del agua,
que apenas fluye,
que lucha por mantener su vida
en un abrazo de calor y sequía.
Frías, tierra de calor implacable,
te ahogas en tu propio aliento,
y la gente, los guardianes de este curso,
sienten el sudor de una preocupación infinita.
Nuestros ancestros no temían al calor,
porque sabían que el agua era un pacto
con la vida misma.
Pero hoy, el río pide socorro
y no son solo las manos las que lo cuidan,
sino los corazones de quienes aún creen
que el Albigasta tiene fuerza
para atravesar las lenguas del fuego.
Despertemos, hermanos, antes de que sea tarde,
cuidemos del agua y salvemos nuestro hogar.
En nuestras manos está el poder de sanar,
de devolverle al río su pureza y su alegría.
"¡Agua, madre, agua!"
gritan los ojos del pueblo,
Porque si el Albigasta calla,
si sus aguas se pierden en la sequía,
la vida aquí se detendrá,
y la tierra que alguna vez fue madre
se volverá huérfana de su propio canto.
Que el grito del Albigasta no se apague,
que su murmullo no se extinga bajo el sol de Frías.
Eugenia Páez, escritora, poeta, gestora cultural nacida en Córdoba y residente en Frías, Santiago del Estero, Argentina. Parte de su obra integra diferentes antologías provinciales, nacionales e internacionales. Ha publicado los libros ”Entre peperina y letras”, “Pa el mal de amores”, “Calles versas y diversas», “Aguas calmas”, “¿Habrá suficientes manzanas para todas?” y «Mandame un color». Miembro de los grupos ”Sentir en palabras” Bell Ville, Córdoba, y ”Arte y poesía sin fronteras», Ecuador. Reconocida como agente cultural por el gobierno de la Nación su última obra “¿Habrá suficientes manzanas para todas?» ha sido declarada de interès municipal, cultural y legislativo.
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