Estaba allí. Todavía había un poco de hielo, veredas cruzadas, miradas laterales, ojos torvos. Sin embargo Caruso estaba ahí. Esperaba, allí, como se espera a un Godot. Allí, descuidado, averiado, siempre dispuesto. Acompañaba sin pedir reintegro ni reciprocidad. No era un ser cuidado pero si cuidadoso.
Caruso traspasaba noches sin quejas. Su energía y su entrega siempre fueron gratuitas. No había horizonte inexpugnable para él. Soportó olores, risas, disputas, cóleras y maltratos. La queja no era una de sus virtudes.
Soportaba el frio y el maltrato de las calles. Acompañaba. En cierto punto, a favor de nuestra amistad, se inmolaba. Tal vez, para él mismo, vislumbrando ese horizonte, era necesario. Pero no nos dimos cuenta y tal vez no lo valoramos. Seguramente Caruso tenía necesidades que enunciaba y a las que no sopesábamos en pos de un horizonte por el cual Caruso, tal vez, y sin intentar ser grandilocuentes, se entregó, casi sumiso, achacado, servil y digno.
Caruso sabía que las fotografías podían robarle el alma, por eso fue esquivo a esas tonterías. Lo verdaderamente conmovedor es siempre inasible. Y la huella que dejó es para siempre.
Caruso siempre esperaba, como un personaje que espera a un Godot. Como todo iniciador era puro silencio y entrega. Las víctimas de la espera vislumbran cierto destino, Caruso lo sabía y fue testigo. Desgastado, achacado, con disminuidas fuerzas soportaba situaciones en pos de una meta lejana, como toda meta, pero posible como todo objetivo. Aguardaba, Caruso, en esquinas, calles sombrías, pasajes. Ese era su destino.
Cuando vislumbró el horizonte, cuando su apoyo a la amistad era cercano y demostrable, comenzó a denotar cierto deterioro, tal vez consciente de que su tarea, aunque incumplida, ya era vasta.
Caruso llevaba sangre de nafta y de aceite. Movía su enorme cuerpo de chapa con la rapidez y la exactitud de un gigante bailarín. Su espíritu era inmenso como el inmenso espíritu de las máquinas. Callaba sus pocas necesidades con el estoicismo de los faquires y la fidelidad de los fanáticos. Llevaba nuestras miserias con alegría siempre solemne.
Cumplida su tarea inconclusa, comenzó a descansar su cuerpo de hierros en la esquina de Comodoro Rivadavia y Obligado, en el barrio de Nuñez. La amistad estaba forjada a fuerza de motor, aceite perdido, chasis denostado y bujías crujientes.
La amistad, luego de cierto tiempo de descanso de Caruso en esa esquina, con calle con boulevard en el medio, fue sellada.
Hoy, como módico homenaje, su cuerpo de hierro fue trasladado por una grúa. Y seguirá esperando, en algún desarmadero, como se espera a Godot.
Jorge Hardmeier, escritor, dibujante, arquitecto, guionista (Buenos Aires, Argentina, 1968) publicó los libros de cuentos “Sobrespejos” (1998), “Animales íntimos” (2002) y “Arquitectura antigua” (2011), los libros de divulgación “Artaud para principiantes” (1998) y “Poe para principiantes” (1999), el poemario “Juguetes antiguos” (2015 y reeditado en 2025 por Ediciones Monserrat), “16 entrevistas a escritores” (2015), “Entrevista a la música argentina” (2020) y “Perfiles Vernáculos. Diálogos” (2020), una serie de reportajes a personalidades de la cultura argentina. Fue secretario de redacción de las revistas “El Anartista” y “Expreso Nova” y director de la efímera revista “Bomba”. Colaboró y colabora con sus notas y entrevistas en diversos medios, incursionó en la dramaturgia, fue columnista en programas de radio y realizó diversas curadurías en el Centro Cultural Kirchner (CCK). A comienzos de 2021 fue premiado por su crónica en el marco del concurso “La vida en tiempos de peste”, organizado por la revista “Caras y Caretas”. En 2018 Ediciones Lamás Médula publicó “Miguel Ángel Bustos, biografía de un poeta militante” contando con el apoyo del Fondo Nacional de las Artes – Ministerio de Cultura de la República Argentina. En 2023 se editó la segunda edición de dicho libro, actualizada y corregida bajo el título de “Miguel Ángel Bustos”. En noviembre de ese mismo año publicó el libro “Variaciones Di Benedetto”, ensayo sobre la obra y vida del escritor mendocino. En 2024 coordinó “Apóstoles de Román”, una serie de relatos de diversos escritores sobre el futbolista Juan Román Riquelme. En 2025 formó parte de la antología “Háblenme del Bocha”, ficciones sobre Ricardo Bochini. En 2026 fue seleccionado ganador del concurso “22 de junio – la alegría de un pueblo”; cuentos sobre Diego Maradona organizado por Revista Meta Sentidos y FODA. Actualmente codirige Sonámbula Revista.
