en el juego de la escondida siempre me gustó contar
padecer el descubrir, descubrir al nombrar
había una amenaza que se sostenía
en la espalda del que contaba:
«virgen de Pompeya
si este niño espía
córtale la vista
para toda su vida»
por ahora no resultó
espié
espié
nada pasó
me gustaba contar
lugar de resto
escondida de los que triunfaban
siempre libraban para todos los compañeros
seguía contando
hasta que un día
conté hasta el infinito:
les robé las ganas de ganar
todavía estoy en esa pared
contando
quedé sólo
creyendo que mi acto
era una insurrección
finalmente
conté
conté
conté
hasta que se acabó el mundo
fue duro darme cuenta
cuando levanté la cabeza
el juego seguía igual:
alguien agazapado
esperaba mi descuido
para orgasmear
el placer de la dicha
no había vuelta atrás
dar sentido
a algo que se dispone
distinto
Luis Zavatto, psicoanalista.
