Cambiate que te busco, nos vamos al río.
La frase breve envolvió una serie de movimientos. El viaje, la maya, un par de ojotas. Algo de brisa acompañaba el encuentro. El cabello arremolinado, arremolinada la existencia. Una metida en el agua, con el borde hasta la cadera. La otra sentada en la orilla. Intentos de alojar lo insoportable sin soltar la mano en las orillas extranjeras. Las piedras tan quietas, las piedras, tan iguales a sí mismas, las piedras. Cambiate, verbo de indicación, sostén de la voz amiga, acto de confianza. A veces solo hay que ponerse las ojotas y la maya para poder entrar al río. Te busco, decisión de las decisiones de lo que se riega tras ser sembrado, apelación a que no se seque lo que puede brotar, salivación de la frase para que la lengua apele al cambio. La una en el agua. La otra en la orilla. La brisa en lo arremolinado de no saber por qué ni cómo, pero sosteniendo el cuerpo sobre un par de ojotas. Y las piedras, allí, tan calladitas.
Marina Posata, escritora, poeta, psicoanalista, licenciada en Psicología.
