Miguel Angel Rodriguez: «Cuatro viñetas de lo nuevo»

Nuevo aprouch (inolvidable)
A Gabriela Resistencia Prauss

Si bien no puede decirse que yo sea precisamente un macho alfa o un dandy adinerado, he tenido la decisión y fortuna de intimar con mujeres exóticas de lugares lejanos.
Dos días atrás, arribado a Xupumh –una pequeña ciudad en la franja oeste de Taiwán-, brindé tres rondas de kaolián jiú antes de contactar a Yimelg Lehn.
Diversas referencias animaban mi convicción de que había de ser una hembra excepcional, única, en sí igual a nada –quizás sólo comparable a una verdadera fiesta-.
Encontrarnos, tarde mediante, confirmó esa conjetura –no sin desencanto-.
Pues abordar su cuerpo fue como introducirme en una fiesta de la cual ya se habían ido todos.
Incluso ella.

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Alella
A mi vecino psicótico María Lo Nuevo, recientemente asesinado

Un hombre llamado María Lo Nuevo estaba mal. O qué. No lo sabía. Sí que al mundo alél. Deambulaba diariamente su trazo ilegible por el barrio; su cuerpo torpe, sucio, grandote; las manos en los bolsillos asiendo dos peines pantera como talismanes de defensa; su ser empastillado. No alcanzan, a veces las rispehalopidol no alcanzan. A frenarlas voces las voces malditas las voces de Elloslasbosesdequién. Hay que agregar whisky ay, mucho mejor del peor O, tres ginebras de una Oh un litro de nafta súper capa y pe efe yell. Entonces sh í, no se callan; pero yellian ho infinian, O qué. Por ejemplo, hoy. Porque algo pasó, ohy, que jamás va a volver. Temprano a la mañana alrededor de la tarde. Cuando se veía, era de noche; cuando no se veía el sol, la letra, solía. Salió. Un bondi al cruzar la calle rozó la ropa de sus entrañas, una señora mojada con un changuito desnudo le zumbó en mercado chino burlón. Lo injurió Dios le dijo Mujer. Fueramuycerca escuchó otra orden, grave, esdrújula, uni formada. Obedeció confuso, bruto, levantando las manos, los pibes las manos, las pibas las manos los peynes la cumbia en la baba de risa maría pan tera lo nuevo la sopa enlanochedeletras o hquéh.
Y dos disparos precoces, cobardes, atravesaron su pecho, ejecutándolo.
Más otro más, él ya en el piso, por si acaso.

Lo mató un tipo común; yuta.
Agente, con prefijo.
Pues así como al que no es normal se le dice anormal, al policía, se le dice agente.

(Alella, dijo.)

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Charlita sobre el futuro

Nieto: – Che abue… ¿Qué habrá de nuevo en el futuro?
Abuelo: – Mmm… Eso depende. Para vos, una vida a explorar. Para mí, otros achaques y medicamentos.

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Soplando velitas
A Matías González Zaguri

  • Hola pá. Hoy pensé en vos cuando me dije: “Soy joven, lo nuevo, y antes de que se me venga la noche, quiero inventar una máquina.”
  • Bien ahí. Genial. Sabés que nuestro mundo es crío de ellas –y que todas, en un punto, de fábrica, funcionan mal-.
  • ¿Decís que las máquinas fornican, y nos paren?
  • Digo que no paran ni paramos de cojear. Pero avanti hijo, contame qué deseás en tu mañana…
  • Bocha de cosas. Siempre, el próximo modelo de todas. (La Play 8, Internet 7G, el Iphone 16…) Obviamente, sin sudar. Lo que no me interesa –nací en este siglo- es la gloria. Sí, la fama. ¿Y vos, viejo?
  • Tratándose de cosas… Se me ocurren –como tal vez también te pase más adelante- tres, vitales para cada día venidero.
  • ¿Cuáles, pá?
  • Desayuno, almuerzo y cena…

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Charlita sobre el futuro II

Nieto: – Che abue… ¿Qué lugares nuevos, cotidianos e intensos, nos deparará el futuro?
Abuelo: – Mmm… Eso depende. A vos, la virtualidad y el cuerpo de una minita. A mí, la farmacia de la esquina y la cama de un hospital.

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Miguel Angel Rodriguez, escritor, psicoanalista.

licmar2000@yahoo.com.ar