Miguel Ángel Rodríguez: «El Farmacia»

A veces tengo la impresión –quizás no sea el único al que le pasa- de que llevado por las tareas, por el trajín cotidiano, los días se van sin darme cuenta, como si nada.
Eso fue lo que sentí anoche, vaya uno a saber por qué, desde el futón donde suelo arrojarme al terminar la marcha, justito entre el control remoto y el zapping.
Entonces apagué la tele y de un brinco, encaré hacia la calle sin rumbo…
(Antes de salir tuve que volver por el barbijo.)
Ya afuera… el goce de la brisa, el movimiento de las sombras, el murmullo de los árboles…
Cinco cuadras después, mano enfrente, divisé la casa del Farmacia. Un muchacho que me presentaron dos años atrás a poco afincarme en el barrio, al que apodan así porque no tiene remedio.
Era tarde. Pero entre los listones de la persiana se filtraban la luz del living y los acordes spinetteanos de Barro tal vez.
Toqué timbre.
Me recibió ampuloso, exultante.
Dijo que la vida era gracia de Dios, arco iris de ocasiones, ojal de ningún botón, Riverito de ocho biyuyas, aquelarre de azares.
Asentí con un gesto sin entender bien.
Dijo que estaba en la cúspide, que tenía muchísimos proyectos, que el primero era tajante, que de hecho yo había llegado en el momento preciso de su ejecución.
Inquirí con un gesto sin entender bien.
Abrió una risa rara.
Se le ocurrió ir por dos vasos y una botella de whisky.
Regresó chumbo en mano.
Puso el caño en su sien.
Y se pegó un tiro.

¡Jooder…!

Miguel Ángel Rodríguez, escritor, psicoanalista. Face: Migue Angel