Muchísimo atrás, al toque de haberme recibido, ingresé a la Residencia de Psicología del Hospital general Castex/Perón en la Provincia de Buenos Aires. Durante 2 años, semana a semana, desde las 8 am por 24 horas, hice allí “la Guardia de los viernes”. Tales agites iniciaron mi amistad con “El Tucu”, un enfermero compañerazo con quien en los ratos libres solíamos charlar sobre inquietudes afines: mujeres, casos clínicos, literatura, matemáticas y sustancias espirituosas. Tiempo después regresó a su querido La Madrid en la Provincia de Tucumán. Cada tanto nos contactamos. Porque sí, o por eventos del andar. Recuerdo nuestra conversa mientras aquella otra inundación del 2017. O la llamada para mi último cumple en el 2025, cuando los chinchines no lograron evitar que deslizara su congoja ante el barranco económico de su pueblo. Y ahora, hoy, promediando marzo de diluvios de 2026. Disculpá entonces estas palabritas pavas, hermano: va mi abrazo.
En los Pagos de Samos
Según se sabe y dice
Dos por uno es dos
Dos por dos son cuatro
Y dos por tres
Llueve.
Pero hace ya rato
En mi tierra
La inclemencia se multiplica
Más que al enésimo día por día
Inunda calles, viviendas
Ocurrencias, asaditos
Historias, entusiasmos
Sencillos
Bordes del tiempo.
Algunos vecinos
-los veo-
Quebrados parten de los techos
En botes mal paridos
Al cauce bestial
De viento, lodo y río.
Sus siluetas
Impresionan solas
Razonablemente extrañas:
Además de llorar
Llevan puestos el paraguas
Y el festejo de la vida
De un santiamén
En el culo.
Miguel Ángel Rodríguez, escritor, psicoanalista.
licmar2000@yahoo.com.ar
