Miguel Ángel Rodríguez: «Una lectura sobre las elecciones Paso 2023. Algo pica (o De tal palo, tal astilla)»

Buenos Aires, 22 de Agosto de 2023.

   Anoticiarse de quién picó en punta en las últimas elecciones Paso argentinas ha generado, entre crestas de exaltación o temor agudo, cierto efecto de sorpresa.
   Se verá qué sucede de aquí a Octubre/Noviembre; no está todo dicho.
   Pero sí algo se expresa.

   Entrémosle al asunto desde cierta contundencia numérica.
   Para empezar, los guarismos exponen un inusual reparto tripartito de la representación política electoral en pugna. Aunque convenga advertir –hay ahí una advertencia- que la sola suma de quienes no votaron supera a cualquiera de las tres candidaturas más elegidas.
   Ahora bien:
   En las Paso 2019, el Frente de Todos (hoy Unidos por la Patria) obtuvo 12.205.938 votos; en las 2023 se derrumbó a 6.460.689 –diferencia, 5.745.249-. En aquellas Juntos por el Cambio 8.121.689, en éstas 6.698.029 –diferencia, 1.423.660-. ¿A dónde fueron los 7.168.909 votos perdidos por las dos fuerzas hasta ayer hegemónicas? A La Libertad Avanza, alcanzando 7.116.352 sufragios.
   Da la impresión que en el curso de un deterioro económico que el advenimiento de la democracia desde los 82’ no logró torcer, la falta de políticas que sostenidamente transformen realidades, los notablemente aciagos dos últimos gobiernos de ambos frentes electorales mayoritarios –que pretendían repartirse el universo cual dos modelos en grieta-, precipitaron un hastío rotundo, una bronca cuya crispación el histrionismo de Milei supo captar. Pero además del grito de desesperación, también esperanza de otra cosa, de soluciones prontas a la injusticia que se concentra en la flacura de los bolsillos; que se imaginan posibles de advenir desde un lugar border, desde un lado anormal al régimen oficial caracterizado por la inoperancia y el desentendimiento; algo que Milei también captura.
   Simplificación que requiere, claro está, especificidades.
   Para solo ejemplo y si bien el voto a Milei atraviesa categorías, sacó enorme ventaja en “masculinos jóvenes y adultos jóvenes, con trabajo frágil”. Eso es casi un ovni, un sector social no identificado. ¿Qué implican para ese ñato modernamente esclavo que surca la ciudad en bici o moto a las chapas repartiendo rapi pedidos por dos mangos, los valores vaciados en la política clásica, el debate abstracto de más o menos justicia social o Estado de bienestar? Si es él el que en uno y otro gobierno ha debido poner la herramienta de trabajo y garpar monotributo, el que carece de cobertura estatal, gremio o movimiento social, el que si se enferma no cobra un sope y tiene que hacer siete horas de cola en un hospital para que le den un turno de acá a cuatro meses, con suerte, y al que a la vuelta de cualquier esquina lo chorean de caño…

   Al parecer, en términos de opinión pública votante, “Juntos por el Cambio”, interna de por medio quedó con el nombre muy menguado, pues buena parte del cambio fue a representarse en otro elemento, llamado Milei, aunque no se sepa bien qué figura su imagen medio lunática. Una motosierra rebelde, que corte con lo añosamente malo de una puta vez, y degüelle de cuajo a la casta opresora parasitaria; un billete norteamericano, que al impreciso decir dolarización, evoque en la palabra dólar el brillo encantador de su magia verde; un león vendiendo el nuevo modelo de libertad cual durax; una olla que calda hartazgos desoídos antes y después de aquel “que se vayan todos”; un burgués exitoso outsider dentro del sistema; un ego que se presenta cual auto-engendrado, rock-star, mesías heraldo de sabiduría en finanzas y economía. Respecto a “Unidos por la Patria” –aquí prefirieron no escribir el más progresista Unidxs-, parece que la invocada vendría dejando parva de hijos afuera. Que el lenguaje inclusivo no alcanza a darle lugar a les descamisades. Que “la patria es el otro” quizás verse derechos y verdades en Narnia, pero en estos pagos insiste en batir cantina; que ese otro es ellos pocos y allá entre ellos, pero no acá ni con nosotros; que ese unidos no subroga al pueblo, ni a las muchedumbres, ni a la mayoría de los cada quien hablando solos en la web. Agreguemos en cuanto al “Frente de Izquierda” que su arenga volvió a pifiar feo pie con bola y a tirar piedritas que en vez de edificar algo distinto sostienen a quien putean, retrocediendo su ya escasa convocatoria.

   El discurso de Milei sitúa como “significante amo” a la “libertad”. Okey, ¿qué humano, joven o no tanto, no querría sanamente cambiar y liberarse de sus ataduras? Y a la vez, ¿cómo no emparentaría tal anhelo con la pretensión neurótica de autonomía yoica -hoy confundiendo singularidad deseante con derecho a consumir lo que se me ofrezca y plazca-? La propuesta de libre compra venta de órganos, que produjo cierto ruido, expone la expansión aun más exahustiva del valor de cambio, el todo-mercancía. Puede afirmarse que la libertad, así ubicada, lejos de liberar… ahonda la pulsión de muerte, articulada a la ferocidad «imperativa» del mercado. ¿Cómo y a quiénes liberaría el empuje desenfrenado a acumular capital por extracción de plusvalía?
   En tandem, el significante “la casta” resultó exitoso –más que otros, como “el FMI” enarbolado por la izquierda- para radicar un Otro del mal, agente de la castración, de las insatisfacciones y penurias que aquejan. La mentada eliminación del Sujeto supuesto Casta (“El Ministerio” de tal cosa… “¡¡Afuera!!”), de ese que impediría el feliz acceso a lo que falta, porque ademas nos roba lo que nos falta (“¡Los políticos son todos chorros!”) ilusiona una vida ensoñada de rápido crecimiento económico sin limitaciones. La maniobra también le ha permitido a Milei, en vez de andar esquivando la densidad negativa del vocablo “ajuste”, augurarlo con creces, bajo la falacia de que será otro –el otro de la casta- quien pagará los costos… 

   Hay en lo que dice la persona (política) Milei algo perturbador. En que rehúya hablar de sus orígenes o de sus padres. En que sí hable con su perro muerto. En su clonación y otras aristas que parecen repudiar la pérdida; la ley como borde, la diferencia. Se advierte, por ejemplo de intolerancia, al toparse él con alguien que despliega un argumento o perspectiva distinta, hasta qué punto lo/la denosta totalmente, como totalidad (“Sos un ignorante, un mogólico, un traidor… Decís taradeces”). Un rechazo de los modos diversos de gozar los otros, que tiende a la segregación; un rechazo destructivo del Otro, de lo Otro.
   Hay en lo que dice el candidato Milei presidente, en lo que propone o promete, algo riesgoso ya sea que no lo pueda concretar –¿cómo, incluso quienes lo voten en estos «tiempos líquidos», soportarían una nueva decepción, otra falta a la palabra empeñada?-; ya sea que logre imponerlo –¿cómo, incluso quienes lo voten, soportarían un atentado más a sus expectativas o intereses concretos?-.

   Al unísono, asombra tanto asombro incauto. De movida, convengamos, surge circulando por las rutas vigentes, autorizadas –capitalismo (D-M-D), verticalismo, Estado, República-. Hasta llama la atención el modo caricaturesco en que el Mileinismo calza con los planteos de Lacan acerca del “pseudo discurso capitalista” y la “yocracia”.
   En nuestra cultura, rubricada de mediática por el presente desarrollo de los medios de comunicación/representación, incluso cuando a cierta «corpo hegemónica» ya no le caiga tan simpático –se les escapó la perdiz Manuelita-, Milei matchea por las redes y la tele con ademanes irreverentes e impostura, eslogans y fe, al través de la virtual pantalla.
   Harían mejor pues las dirigencias, en vez de ahora no poder creerlo e imaginar comérselo crudo, reconocer en Milei sangre de su sangre, fruto de jodideces y cobardías sembradas.
Haríamos mejor en advertir los alcances de nuestra época. Signada por «lo nuevo» como síntoma -aunque las propuestas de Milei no sean precisamente tan nuevas como se pintan-; por su pretendida «libertad» individual lindante a cierta «locura» suelta generalizada, que confunde sujeto con yo consumidor; por promover la portación de esas mercancías-gadgets-tecnológicos, de esos objetos que nos abundan de goce al alcance de ojos y manos, en cortocircuito con el Otro, con la palabra y los lazos con el otro; obturando el lugar de la falta, el objeto causa del deseo y su operación singular.

   El estado actual de la democracia representativa desubica, no vehicula el debate ni los posicionamientos, impidiendo al colectivo decidir ante las circunstancias diversas que en su andar lo interpelan.
   Algo que hoy suele envilecerse, degradándolo en la versión respecto del voto reiterada sin más o con el aval de la neurociencia, de que el componente emocional reduce sus votos y razones.
   Aun, ello no le impide al sufragio comicial legitimar un guión que trazará juego, y consecuencias.
   En ese marco, los matices se establecerán en Octubre/Noviembre; no está todo dicho.

   Nos toca, me parece, registrar, hacernos cargo de lo que nos pica, re-definir posiciones y políticas, más que electorales, de construcción social en la vida.

   Mientras tanto, humor cancionero ante lo que por ser grotescamente cierto, también provoca mueca o risa:

«Che Milei», Murga La Cotolengo.

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Miguel Angel Rodriguez, escritor, psicoanalista.
licmar2000@yahoo.com.ar

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