Piñón Fijo: «Viajaría otra vez»

“La niñez es la mejor nave para atravesar esta vida, este planeta y este mundo, muchas veces no muy amigable…”. Con clave de pentagrama, la voz lúcida, lúdica, sensible, de (Fabián Alberto Gómez) Piñón Fijo.

Devenir111:
  Desde hace ya años, con tus creaciones diversas, te dirigís prioritariamente a los niños (y a sus familias). ¿Por qué creés que es así? ¿Cuál deseo te motiva? ¿Qué te sigue cautivando de la infancia?
Piñón Fijo:
  Hay una canción que escribí hace un tiempo que me representa mucho… Se llama “A mis piñones que crecieron”, y hay una estrofa dentro de esa canción que me representa aún más. Dice algo así:  
  “Y yo vengo navegando por el tiempo en la nave que se llama niñez, te lo juro si la vida me dijera que yo pida lo que quiera, viajaría otra vez”
  Cuando hablo de la niñez en esa estrofa, no hablo solamente de la niñez de los niños a los que les canto y les canté, sino de mi propia niñez, aún vigente en estos 60 años de vida y 37 años de vocación. Mi niñez, no voy a decir que está vigente, sino que cada día que pasa está más fortalecida. Y gracias a Dios, a la vida, a la gente… Porque es gracias un poco también a la simbiosis que hacemos entre el público y mi personaje, ¿no?…
  Así que eso es lo que más me cautiva: la niñez para mí es la mejor nave para atravesar esta vida, este planeta y este mundo, muchas veces no muy amigable…

Devenir111:
  ¿Nos contás algo sobre tu niñez?
Piñón Fijo:
  Mi niñez fue muy humilde, muy tranquila, vivía en Deán Funes en la provincia de Córdoba al norte; mucho tiempo con mi mamá, solo… Porque mi viejo se tuvo que venir a Córdoba a acompañar a mis hermanos, en un tiempo difícil de nuestra historia. Muchísima inseguridad generada por el Estado, digamos. Una inseguridad generalizada, no sabías cuándo te tocaba; quizás por aparecer en la agenda de alguien, y te llevaba la vida eso… Bueno, se vino mi viejo para Córdoba con mis hermanos y yo me quedé solo con mi vieja.
  Puro juego, puro juego… En ese patio, con ese aguaribay, colindante a mi vecina Doña Kenchu, que me pasaba las tortillas con chicharrón por arriba de la tapia… En ese patio fui todo lo que quise ser. Soldado, aventurero, superhéroe, payaso, de todo. Quise ser el Lole Reutemann, lo fui; quise ser Kempes, lo fui; quise ser el Loco Gatti, lo fui.
  A ese patio le debo la niñez que tengo todavía hoy…

Devenir111:
  ¿Y cómo fueron tus inicios artísticos? ¿Cuándo surgió –para quedarse- “Piñón Fijo”?
Piñón Fijo:
  Piñón Fijo surgió acá en Córdoba, ya era papá joven… Pero venía germinando la cosa, porque yo venía haciendo talleres de mimo, talleres de música, muy curioso con el tema de la música… Y cuando fui papá a los 22 años, es como que junté todas esas cositas para cantarles a mis hijos. Y cuando me di cuenta que con mis hijos funcionaba, me animé a cantarles a los hijos de los otros, y ahí nació Piñón.
  Tenía un periplo entre la Isla de los Patos, Parque Las Heras, Parque Sarmiento… Andaba en bicicleta y pasaba la gorra… Después expandí un poco la frontera, me fui a Mina Clavero, a Carlos Paz…
  Y ahí empezó a andar este Piñón Fijo hacia adelante.

Devenir111:
  Van tres apreciaciones sobre tu obra que menciono como enunciados pero son preguntas:
  ° Que la “palabra” juega y dice. ° Que más allá del “soporte” que utilices, solés apelar intensamente a los “sentidos”. ° Que el “humor” suele estar bien presente –junto a un tono de “ternura”-.
Piñón Fijo:
  Sí, la palabra juego es bellísima; nos conecta con la infancia seguramente…
  El tema de los sentidos también; para los que tenemos la suerte de manejar los cinco sentidos y por ahí los que no pueden manejar los cinco, pero al faltar uno se exacerban los otros, lo cual es otra experiencia y otro superpoder si se quiere, otra manera de transcurrir. Sí, me gusta mucho jugar con el tema de los aromas, de los colores… Es más, tengo una canción que se llama “Cinco sentidos”, que habla un poquito de eso y de los amiguitos que no tienen los cinco sentidos, pero que lejos de victimizarlos o de mirarlos como raros, uno invita a compartir con ellos otra manera de ver las cosas y de sentirlas…
  Y el humor obviamente siempre está. El humor a mí me ha llevado muchas veces… a no ser un artista infantil o no percibirme como un artista infantil… sino como un artista familiar… Porque siempre voy al fleje un poco entre la ironía del mundo adulto, tratando de hacer ese fino guiño de ironía al mundo adulto pero sin faltarle el respeto a los niños; y también ese humor a los niños, sin que se aburran los grandes porque sea un chiste demasiado ingenuo.
  Entonces siempre ha sido el desafío, creo que me lo dio el artista callejero, jugar ahí un poco más amplio la cosa que el artista infantil… Eso de dejar a los chicos que la pasen bien mientras los adultos van por ahí a dar una vuelta, o le hacen la gamba al nene porque le gusta… Ese lugar nunca me interesó cumplir, ni en los cumpleaños, ni en la calle, ni en los teatros. A mí me gusta que nos podamos divertir todos; el adulto, el niño, y yo…

Devenir111:
  Si miro hacia mi atrás me vienen ciertos nombres: María Elena Walsh, Pepe Biondi, Piluso y Coquito, Carlitos Balá, Gaby Fofó y Miliki… ¿Podés decirnos algo sobre ellos? ¿Cuáles han sido tus “referentes”? ¿Cuáles artistas emergentes de la escena actual considerás valiosos y podrías sugerirnos?
Piñón Fijo:
  Todos los genios que nombrás han sido parte de mi infancia. María Elena Walsh, Pepe Biondi muchísimo, Carlitos Balá, Gaby Fofó y Miliki…
  A mí me costaba mucho discernir entre Olmedo para niños y Olmedo para grandes. No fui un gran fan de Piluso, pero no porque abra un juicio sobre eso, sino que como niño… Igual que Marrone, por ejemplo; lo veía hacer de payaso y después lo veía en otro rol y no me cerraba como niño –lo estoy descubriendo ahora mientras lo digo-…
  María Elena Walsh… Cuando nací, me bautizaron… Mi padrino me regaló, y me marcó para toda la vida, “Tutú Marambá” de María Elena Walsh y el libro “El Principito”.
  Carlitos Balá… yo era el Carlitos Balá de mi vieja cuando estábamos solitos en Deán Funes y la hacía reír con eso. Después la vida me obsequió la posibilidad de girar con él por todo el país en el 2006-2007. Él con sus 85 años en ese tiempo ¡y más joven que yo!… Fue bellísimo.
  Y fue quizás la última ficha que me tenía que entregar la vida para hacerme entender que esto de meterse en la infancia de los otros es cosa seria.
  Gaby Fofó y Miliki me encantaban y llamaron mi atención por el tema del humor para niños y la inserción de la música en un gran porcentaje del show…
  Mis referentes no han sido solamente estos infantiles, sino que también a mí me ha marcado mucho la música latinoamericana. Los uruguayos, Jaime Ross, Rubén Rada; los rosarinos, Fito, Baglietto, Fandermole, Abonizio; los cubanos, Silvio Rodríguez, Santiago Feliú, Pablo Milanés; el panameño Rubén Blades, además de las canciones geniales que todos conocemos, “Tiempos”, y recomiendo fervientemente del disco “Mundos” una que se llama “Como nosotros” que habla de la infancia, es terrible esa canción…
  De los artistas emergentes también, no solamente me animo a compartir lo que suena a nivel infantil… Que es mucho, y no siempre coincide con lo más expuesto. Hay mucha gente anónima o con bajo perfil haciendo cosas bellísimas para niños. Una movida general de chicos –bueno, yo tengo 60 años, uno de 50 ya me parece un chico-, gente muy linda haciendo cosas muy lindas en nuestra patria musical argentina. Acá en Córdoba, chicos como Lucas Heredia… Bueno, si nombro voy a demorar mucho, pero hay gente realmente muy valiosa.

Devenir111:
  Supongo que algunas de tus canciones habrán partido de anécdotas vividas. ¿Podés elegir una y contarnos el episodio que la provocara?
Piñón Fijo:
  Sí… está bueno, porque muchas canciones han partido de anécdotas vividas. Quizás la que se me viene rápido a mi mente es “¿A dónde vas colibrí?”. Un día vino Ariel Reartes, gran bajista, musicazo de Alta Gracia que tocaba conmigo y me dice: “Mirá, tengo esta armonía y más o menos esta melodía…” Y hacía poquito se me había ido mi mamá, y hacía poquito había venido un colibrí bastante obsesivo con acercarse a mi ventana y estar en mi patio… Y maridaron así automáticamente la música y la letra de esa canción que amo mucho porque me conecta con mi vieja.
  Después escuché algunas versiones de que los colibríes tienen que ver con los seres queridos que supuestamente están ausentes… Pero bueno, más allá de eso, esa canción me emociona mucho.
  No sé, pasó que la música enganchó con la letra, la letra con la música, la vivencia con la canción… y me encanta.

Devenir111:
  Retomo la cuestión del juego distribuyendo un planteo para que digas lo que pensás o te surja:
  ° Se afirma que “Los niños, juegan”. Eso liga entrañablemente niñez y juego. Así dicho, en dos tiempos: los niños (primero), juegan (segundo). ° Se afirma que “El juego, hace al niño”. Eso invierte los tiempos, situando el jugar (primero), como “condición lógica” de la niñez (segunda) –si no hay juego, no hay niño-. ° Se afirma que “Que el niño juegue es condición necesaria para que luego el adulto pueda jugar de verdad su deseo en la vida”…
Piñón Fijo:
  El juego es lo que nos salva, porque el juego puede tomar forma de instrumento musical, de barrilete, de poesía… Yo cada vez que me pongo a hacer música siento que estoy con un juguete. Siento que tengo 5 años y estoy con los pantalones rotos en las rodillas porque ando arrastrado jugando con los autitos.
  Creo que es lo que nos salva y lo que salva nuestra infancia en cada uno. Y creo que cuando ejercemos el derecho y la obligación del juego cuando somos niños, es un gran cimiento para el adulto que después vamos a ser.
  Y si llegamos a adultos habiendo probado el dulce del juego en la infancia, tenemos más chances de defender eso, la cuestión lúdica, y no ser autómatas e ir de un lado a otro para conseguir plata para el alimento, para los condicionamientos económicos que nos da la sociedad, y en algún momento darle un espacio a ese juego infantil y a ese placer infantil de lo lúdico.

Devenir111:
  Va otro planteo para que digas lo que pensás o te surja:
° Ciertos rasgos ciudadanos contemporáneos tienden a modificar y quizás reducir el espacio lúdico. Como ejemplos, la “falta de tiempo”, las actividades establecidas/programadas, el mandato pedagógico, la “inseguridad” urbana… ° En particular la vigencia exhaustiva de dispositivos electrónicos/pantallas –el celular, la play- parece funcionar fijando al niño a un objeto, de un modo que inhibe lazos (de juego) con otros niños y adultos…
Piñón Fijo:
  El tema del cambio de paradigmas en nuestra sociedad abarca todo, ¿no? El juego, las pantallas, los dispositivos. Es un cambio terrible y en estos últimos años, más aún. No me siento capacitado científicamente para decir nada al respecto. Lo único a lo que puedo apelar es a la cuestión afectiva, emocional. Muchas veces se demoniza en un 100% la tecnología. Y yo creo que si hay un lazo fuerte en la comunicación del adulto con el niño, ya sea un nieto enseñándole al abuelo a usar una aplicación o un abuelo enseñándole al nieto cómo remontar un barrilete…
  El medio es una anécdota, lo importante es ese vínculo. Ahora, si uno le va a dar un barrilete al nene así se vaya al baldío de la esquina y esté todo el día ahí para que no lo moleste a uno, o le va a dar una tableta para que vea dibujos animados todo el tiempo y no lo moleste a uno, el barrilete y la tableta no tienen demasiada responsabilidad. La responsabilidad está en nosotros, adultos, en darle una sobredosis de barrilete y tableta, en este ejemplo medio pavo que estoy dando.
  Me surge eso un poco. Creo que la tecnología bien usada, de una manera creativa, puede ayudar también a ciertos aceleradores en la cuestión de la creación. Y yo particularmente no me siento autorizado a denostarla en un 100% porque la uso mucho y a mí me da felicidad. Claro que si paso 20 minutos escroleando de una manera autómata Instagram o TikTok, ahí sí me revelo, me enojo conmigo mismo, y no digo que nunca lo hago porque sería hipócrita, pero ahí detecto que estoy haciendo una estupidez. Ahora ponerme a editar un vídeo, hacer una canción, usar la tecnología para generar emoción en mí y en otros, es distinto. Y me fascina encontrar cosas que me aceleran los procesos porque en lugar de hacer una canción o un vídeo y emocionar una vez por mes, puedo crear 10 canciones o 10 vídeos o 10 disparadores de emoción en menos tiempo… Entonces por ahí la tecnología también ayuda a tener más cantidad, e inclusive en muchos casos mejorando la calidad.
  Pero bueno, es medio polémico el tema, ponerse a opinar, porque no hay una ley general, es muy subjetivo esto, es cada casa, cada familia, cada vínculo, cada niño, cada adulto. Yo no estaría en condiciones idóneas… Si me mandan a legislar sobre el tema, sería un payaso…

Devenir111:
  A lo largo del tiempo… ¿Notás diferencias entre las niñeces anteriores y las actuales?
Piñón Fijo:
  Sí, obviamente, que con el cambio de paradigmas… los niños de hoy son terribles. Por cuestiones de tiempo y de trabajo justamente, a mis nietos no siempre los puedo ver todos los días sino una vez por semana o cada diez días, y la evolución de ese cerebrito, a mí no deja de impresionarme…  
  Y no puedo no compararlos con mi niñez o con los niños de mi generación, con los condicionamientos sociales de esa época.
  Noto una aceleración importante en los niños, para bien y para mal. De nuevo apelo al peso específico de la importancia del vínculo con el adulto responsable. Creo que en este mundo de hoy hay un bombardeo de estímulos, y que soltarles la mano y delegar la crianza de ellos, la educación de ellos en todo ese universo es contraproducente. Ahora acompañarlo, dejarse acompañar por ellos… Me parece que un niño bien estimulado hoy por hoy está mucho más en otro nivel que lo que era yo, por ejemplo, como niño… Que también tenía más espacio para la imaginación, me inventaba los juegos, tenía espacio para aburrirme y reinventarme para combatir ese aburrimiento. Por ahí, también hablando muy en general, por ahí los niños y los jóvenes de hoy no conciben un segundo de aburrimiento y he escuchado de gente que sabe y entiende, que el aburrimiento también es una gran oportunidad para la creación… Yo vengo de una generación para la cual decir, “tengo 13/14 años y soy un niño”, no avergonzaba. Y me parece que tal vez en esta vida, en estos paradigmas de hoy, vamos acotando mucho los tiempos de pureza de esa infancia. Así que, bueno, nos tendremos que hacer todos responsables…

Devenir111:
  Ayer mi sobrinita Juliana, enterada de que iba a entrevistarte, me dijo muy seria: “Tío, preguntale cómo está su robot de Villa Azalais”. Bueno, te paso la pregunta…
Piñón Fijo:
  ¡Já! ¡Juliana…! Mi robot de Villa Azalais está muy bien. El tema es que tiene una debilidad, se enamoró del cuarteto de Córdoba. Entonces vos le ponés una canción de La Mona o de cualquier grupo de cuarteto, y deja lo que está haciendo y se pone a bailar –y a mí eso me encanta, es muy divertido-.
  Mirá, justamente esa canción surgió de una noticia que vi de esa tendencia que viene de los robots, que van a hacer de todo… Y bueno, se me ocurrió hacer eso, una broma con algo muy nuestro, y jugar con esa palabra de Open AI y Villa Azalais; me llevó a un chiste viejo que había acá entre los humoristas cordobeses que decía “¿Pa’ dónde vai? Pa’ James Crai. ¡Qué bien que lo pronunciai!”; muy de la jerga cordobesa ponerle al verbo al final el ai… Y bueno, ahora viene la AI como se dice en inglés la IA, y me refrescó ese juego…

Devenir111:
  Entonces Piñón… ¿Qué es la infancia; qué la niñez?
Piñón Fijo:
  Y… La infancia y la niñez son, creo, el estado más puro del ser humano, ¿no?
  Siempre juego con la idea de que si viene alguien de otra galaxia y dice “Ché, dame un humano pero que no esté tan corrupto y tan condicionado por la envidia, el ego, la vanidad, la codicia… Dame a alguien que represente la esencia de la humanidad.” Yo le mostraría un niño, una niña. Es eso…


Piñón Fijo, artista, payaso, cantautor, animador dedicado prioritariamente al público infantil, nacido en Córdoba, Argentina, en 1965.
www.youtube.com/@pinonfijovideosok
instagram.com/pinonfijo
facebook.com/PinonFijoOficial

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