Con el transcurrir del tiempo nuestros encuentros fueron cambiando, y por ende, haciéndonos otros. Al inicio en un consultorio reuniones de colegas “psi” que atendíamos por cierta gerenciadora de salud mental en la zona sur del conurbano bonaerense; luego en bares y restaurantes, paso a paso cada vez más juntadas amigas; últimamente de casa en casa según quien se postula para anfitrionar la velada. Así, las citas se extienden en sobremesas que abren diversos andariveles de charlas. Primer domingo de agosto: algo acerca de la amistad, entre emoción y pensamiento.

Miguel:
No recuerdo en cuál año asistí por vez primera a las reuniones coordinadas por Graciela de colegas atendiendo para una prepaga… Pero ya hace mucho que no necesitamos de esa excusa para juntarnos, que venimos construyendo un vínculo ciertamente amigo. Entonces les propongo que digan algo sobre la amistad –tal vez incluyendo un encuentro/episodio de ella en sus vidas, y otro de desencuentro/decepción…-.
Mariela:
Bueno, no sé si un episodio de decepción… Porque pienso que en algún momento sucede o puede suceder con las amistades que tengan un fin. Que por cuestiones de la vida, digamos, no necesariamente por un acontecimiento decepcionante, se terminen. Y eso angustia; perder una amistad, angustia…
Graciela:
Cosa rara pues no suelo engancharme con las series, estoy viendo una que se llama “La amiga estupenda”. Y me trajo, me puso a pensar en una amiga. Psicoanalista también, pero con la que trascendimos el vínculo profesional; nos fuimos de viaje, conocíamos las familias, íbamos al teatro, a marchas… Eso también me pegó de la serie, que recorre ese compartir ideales, el anhelo de un mundo mejor, y sentir que seguimos igual o peor… El punto es que en un momento a ella le tocó conducir un espacio institucional de colegas, y “se puso la gorra” mal, en una posición muy de ordenar; lo cual me dejó como sin palabras… La invité a hablar pero ella no quiso, lo fue dilatando, y ahí quedó… Incluso le escribí un mail que tengo en borrador, aún sin decidir si enviárselo o no… Me emociona decirlo porque siento que es una gran pérdida. Ella está, hace poco me pasó algo de diseño para mi hija, podría decir que sigue siendo amiga… Pero es una pérdida –y me angustia- en cuanto al vínculo, la cercanía, las coincidencias, la intimidad…
Mariela:
Hace tiempo perdí a una amiga, muy muy amiga. La conocí en el Centro 2 en el 2003. Me acompañó en muchas cosas mías y yo a ella también. Luego, por su estado mental, fue encerrándose –yo le escribía “Me voy a la puerta de tu casa hasta que me abras”-, fue alejándose. Una historia de mierda. Porque yo le doy mucha importancia a las relaciones de amistad, para mí eso es importante. Años después, antes de fallecer me contactó, aun como no tocada por la muerte, diciéndome que tenía el cuerpo paralizado, con metástasis por todos lados… Y en ese momento decidí, no pude volver a verla…
Mirta:
Tuve una amiga con la cual se interpuso una decepción, pero no diría de amistad o por algo que ella me hiciera a mí, sino decepción como persona… Con ella estudiamos, trabajamos, y aun teniendo diferencias hicimos un buen tramo del recorrido juntas y seguimos en contacto… En determinado momento habla de adopción, de tener un hijo. Así con su pareja deciden adoptar –creo que primero se la dieron en guarda- una nena de 11 años –cuyo hermano de 10 fue adoptado por otra pareja conocida de mi amiga-. Entonces me empieza a hablar de la nena y dice –“Me jode, no sé qué se cree, no le quiere dar los juguetes a la prima.” –“Bueno, habrá que ver si puede compartir, no sé, debe ser la primera vez que tiene algo suyo.” –“No son de ella, son para ella.” También le jodía que la nena se adueñara de la habitación, de sus cosas, o que llamara por teléfono a su hermano. Hasta que finalmente resolvió “devolverla”. Y yo sentí que esa fue una actitud tan de mierda, que no pude ni conversarla. Tiene que ver con un valor, y no me dio para estar más con ella…
. . .
Gabriela:
No sé si como un ejemplo puntual o una anécdota… Pero sí pensar… en la nobleza de la amistad. No tanto por su altruismo o no, sino por la dificultad de fingirla. Es imposible forzar la amistad, hacerte amigo de alguien porque te conviene, digamos. En el amor romántico, en los vínculos sexo afectivos, por ahí hay como un cliché que te permite enmascarar una cosa por otra; entonces vos podés montar la escena del enamoramiento y que parezca, o de alguna manera producir cierto engaño. En la amistad se vuelve evidente más rápido si hay una ventajeada o algo falso. Tampoco uno puede hacerse amigo de alguien solamente porque porta un rasgo que lo idealiza, como sucede en el enamoramiento que facilita la idealización. Te hacés amigo de alguien sin saber qué te condujo a eso y eso pasa con más espontaneidad y menos angustia o ansiedad. Te hacés amigo sin temer tanto a la pérdida, a la pérdida del favor amoroso; como sí acontece en la pareja, donde uno –aunque luego eso fracase- puede especular, hacer algo para caber en el lugarcito justo, acomodarse para que al otro le guste, y te elija. En la amistad la función agalmática no funciona, como en otras formas –el aprendiz, el alumno, el esclavo-. Así la amistad como vínculo entre pares soporta mejor las diferencias, las decepciones; no pide la mismidad, la unicidad, la complementariedad…
Miguel:
Entonces la amistad pone en juego una alteridad distinta respecto a la del Otro del Amo…
Gabriela:
Por eso me parece muy interesante el planteo de Helga Fernández en su libro “La función del amigo”, de que la amistad per se agujerea al Otro, es un vínculo donde el Amo cae como Amo. Que no es lo mismo, si pensamos en “Tótem y tabú” de Freud, a la alianza para derrocar al Padre de la horda y alguno ocupar ese lugar o acceder a lo que el Padre denegaba. El Amo cae, porque entre dos que están jugando, el Amo no cuenta como Otro absoluto.
Graciela:
Cuando me referí a esa amiga que se puso en Amo, “se puso la gorra”…
. . .
Miguel:
¿Y cómo piensan el “decirle una verdad” a un amigo…?
Gabriela:
Justamente… Resulta más fácil decir lo que molesta en una amistad que en una pareja, porque no estás del mismo modo temiendo perder la gracia amorosa del otro. Entones “Soy tu amigo, decime lo que sea.” Pero me parece que a veces en nombre de la amistad también se cometen excesos: se le puede decir al amigo cualquier cosa, aunque probablemente no de cualquier manera. La otra semana me pasó con una gran amiga, también colega, que le conté algo que me había ocurrido y en vez de decirme “Uy, qué feo” me sobreinterpretó el fantasma. Y me dolió, me enojé, porque no hacía falta y no era eso lo que yo necesitaba de ella… Después me llamó diciéndome que se había quedado mal…
Miguel:
Bueno, en este caso ella lo percibió y pudo volver sobre sus pasos…
Gabriela:
Sí. Y entonces eso cae en el olvido; no cae en la represión que retorna como reproche o como rencor…
Graciela:
Pero si fuera novio o novia, tendería a un “Te acordás que vos…”
Más allá de eso también hay gente que dice –y no estoy de acuerdo- “Ah, yo soy frontal y digo todo”…
Miguel:
“Consagrados a la verdad”… Pero no dicen una verdad –algo que en ese punto los ataña-, sino que vociferan una suerte de denuncia…
Gabriela:
Denunciando una verdad al mundo…
. . .
Miguel:
Recuerdo a mi amigo Juanca con quien, aun sin andar siempre juntos, nos salía bien hacernos la gamba. A la hora de realizar algo él apuntalaba, ante alguna ocurrencia suya yo estaba ahí. Desconozco desde cuándo esa amistad comenzó a entorpecerse, a distanciarse, seguramente sin querer nosotros enterarnos de ello o saber plantearlo… Lo cierto es que al enfermar feo hasta morir mi tío Raúl –muy amado y valioso para mí-, yo la pasé mal. Y Juanca no estuvo, pudiendo estar, no estuvo… Diría que esa fue la gota que terminó de vaciar el vaso… Lo traigo además porque, ese “contar con el otro”… en parte parece también decidir, hacer a la amistad…
Mirta:
Tal cual… Hay un poema de Benedetti… “usted sabe/ puede contar/ conmigo/ no hasta dos/ o hasta diez/ sino contar/ conmigo”
Graciela:
Claro. También sucede algo muy lindo con la amistad que… Por ahí no te viste más con alguien por mucho tiempo, y cuando volvés a encontrarte, te abrazás como si fuera ayer…
Mirta:
Bueno, yo le había perdido el rastro a cierta amiga con la que nos juntábamos con nuestros hijos que en aquel entonces eran chiquitos. Nos reencontramos vía Facebook treinta y pico de años después. Y que una hija suya, ya mujer, me dijera “Hola, tía Mirta” con tanto cariño, fue para mí algo hermoso. Se ve que así como yo había seguido hablando de ellos, ellos también me tenían presente. Y volver a sentir esa cercanía, esa familiaridad…
. . .
Graciela:
Uy che, tengo que irme. Pero…
Mariela:
Nos hiciste emocionar… Y qué bueno está…
Gabriela:
Seguir juntándonos, conversar…
