Adelaida Leticia Mangani: «Multiplicidad de artes en el teatro de títeres»

Es un domingo de sol a la tardecita. Ciertamente amable, ella nos abre su casa alegrada por libros, títeres, piano, té como bebí pocos, y la palabra de su recorrido creador en el universo dramatúrgico titiritero.

Devenir111:
  Cosa paradojal el nombre propio, pues te lo ponen otros… ¿Sabés por qué Adelaida, Leticia… y Bimba?
Adelaida:
  Adelaida por el nombre de mi mamá, que se llamaba Adelaida Antonia, y que a su vez era el nombre de mi bisabuela. Proviene del alemán, Adelaide. En esa rama de mi familia había como una combinación de nombres que venían desde el norte de Europa, ahí donde geográficamente Italia, Alemania, Austria, están muy próximos. Leticia por la hermana mujer de mi madre, que para mí siempre fue “la tía Leti”. En realidad se llamaba Eleuteria, pero ella empezó a cambiar su nombre por Leticia –y logró hacerlo hasta en su documento-. Mi sobrenombre Bimba, que en italiano significa jovencita/cariño, me lo pone mi tío Juan porque ese era el nombre de una canción que estaba muy de moda cuando yo nací. Así me llaman en mi familia, las personas que me conocen desde hace muchos años… incluso en mis primeros cargos docentes, para mis alumnos yo era “La señorita Bimba”…

Devenir111:
  Ahora bien. Es por tus actos, por tu recorrido, que vos te has hecho un “nombre propio” en nuestra cultura. ¿Podés contarnos algo de ese recorrido?
Adelaida:
  Cuando yo nací mi casa era mamá y papá, mi hermana, mi tío Juan –hermano de mi madre-, y mi abuelo Luis Giacobbe, papá de mi mamá. La influencia de toda la parte materna es muy grande… mi tío Juan era músico y también estaba relacionado con el teatro.
  Viste que uno habla mucho de las vocaciones, pero no sé si es tan cierto… Porque hay familias de médicos, de arquitectos… y de músicos, como es la mía. A la altura de hoy, mi hija es actriz, que es una de mis profesiones, mi hijo es músico, que es otra de mis profesiones, sus hijos son todos músicos y mis sobrinos también… Es el espíritu Giacobbe, digo yo, que está ahí encarnándose en la familia…
  Tempranamente había empezado a estudiar piano… También me llevaban a ver óperas al Colón, pues a mi tío le regalaban entradas… Me acuerdo de una escena, sentadita en el palco a mis 4 años, porque parte de la platea me miraba a mí, cual no pudiendo creer que hubiera una nenita que se portara tan bien y que mirara como si entendiera algo de lo que estaba pasando…
  A partir de cierta amistad con un fraile franciscano, mi tío empieza a montar obras en una antigua capilla que en ese momento no funcionaba como tal. La primera era sobre Santa Clara de Asís. Entonces –yo tenía 10 años- me ponen en el escenario con el texto de Santa Clara niña; y eso fue para mí un impacto muy fuerte. A mis 12 años, interpretando otro personaje en otra obra, recuerdo que sentí: “Esto es lo que quiero hacer”.
Devenir111:
  ¡Qué momento…!
Adelaida:
  Sí. Pero a mi entonces profesora de piano no le gustó cuando le dije eso, mi madre quería que continuase los estudios en el conservatorio donde en piano me iba muy bien… y mi padre siempre odió que yo quisiera ser actriz… No fue fácil.
  Entonces mi recorrido empieza por ahí. Seguí con la música y lo actoral, estudié danzas clásicas… Me recibí de profesora de música, de maestra –comencé a trabajar en el Instituto Labardén, desarrollándome en la docencia-, mientras continuaba haciendo teatro –mi formación teatral fue intensa, más de experiencia que de carrera-.
  Mi relación con los títeres viene de pequeña, porque mi tío Juan era fanático del arte de títeres. Cuando cumplí 6 o 7 años, aunque en esos tiempos no se acostumbraba, él invitó a un titiritero que hizo una función en la fiestita en casa…
  Aquella fue una generación de primeros titiriteros –entre ellos Javier Villafañe, a quien puede llamarse el “maestro” de todos nosotros-. También inspirados por la presencia de García Lorca en Argentina cuando vino a estrenar creo que Bodas de Sangre y en el hall del teatro hizo funciones, aunque de manera no profesional, como titiritero.
  Muchos años después en el Labardén conozco a Ariel Bufano, que ya era titiritero, y ahí es como que se juntan en mi cabeza esos dos momentos de la vida… Nos enamoramos, pasaron un montón de cosas en el medio… Hasta que más tarde nos fuimos a vivir juntos y empezamos a trabajar juntos, en la docencia de teatro y en montar espectáculos… que al tiempo fueron cada vez más, obras de teatro de títeres.
  Poco a poco fui concentrando la actriz, la música, la escritora… toda mi formación, en la multiplicidad de artes que confluyen para montar un espectáculo de títeres. Creamos una compañía de títeres con la que nos presentábamos en los teatros de San Telmo, en Hebraica… La escuela de teatro Centro de Estudios Dramáticos, que luego del “golpe militar” tuvimos que cerrar por razones políticas y también económicas…
  Cuando comenzamos en el Teatro San Martín nos presentábamos en la Sala Lugones, antes de las funciones de cine, con títeres de guante y tabladito… Fue Kive Staiff quien en el 76´, también para homenajear a un escultor judío ya fallecido, Simje Schwarz –que junto a su mujer Ruth habían tenido que migrar a Paris por la persecución nazi-, lo convoca a Ariel a montar un espectáculo, de mayor exigencia a lo que veníamos haciendo, “David y Goliat”. En la (re)escritura del texto se puso mucho el acento en que David era músico y poeta además de pastor, metaforizando que el arte puede vencer la fuerza bruta del gigante Goliat, en relación tanto a aquel régimen como a la dictadura entonces vigente en Argentina. Y la obra se desarrolló siendo un éxito…
  Pues como suelo decir, vos con los títeres podés hacer cosas que de otra manera no podés hacer, decir lo que se te canta sin que te censuren, porque para las mentes ignorantes u obcecadas los títeres son cositas pavas… y no alcanzan a darse cuenta de la penetración que el arte titiritero puede tener…
  Repetimos en el 78 –año del “Mundial de fútbol” en Argentina- aunque… Vos viste que el edificio del San Martín es prácticamente una sola estructura edilicia con el Centro Cultural que está pegado del lado de la calle Sarmiento. Ahí el gobierno militar instala cierta “Dirección del mundial de fútbol”, “los montos” le ponen una bomba, todo se cierra, también el San Martín, asique tuvimos que trasladar las funciones a otro teatro…
  Finalizando ese año le propusimos a Kive, con quien siempre trabajamos bien… Porque su política, que le permitía un gran aprovechamiento de recursos, era la de tener “elencos estables” –de actores y de ballet-. Le propusimos hacer lo mismo con el elenco de titiriteros, y así lo decidió.
  Fue durante su segunda gestión –lo echaron al ganar Menem, De la Rúa lo nombra al frente del Colón y dos años después vuelve- cuando se creó el “Complejo Teatral San Martín”, incorporando a la administración otros teatros –Regio, Sarmiento, Alvear, De La Ribera-: años bravos, hasta lograr reconstituirlos como instituciones profesionalizadas.
  Pero en cuanto a la concepción del teatro de títeres, a las técnicas utilizadas… todo cambia mucho a partir de “La bella y la Bestia”…
Devenir111:
  Contanos cómo y por qué…
Adelaida:
  A diferencia de las obras anteriores, Ariel terminó diseñando “La Bella y la Bestia” para ser montada en la sala Casacuberta. Que por su estructura originalmente construida para orquesta, semicircular, con esas bandejas de costado y ese pistón… No podía hacerse con retablo. Entonces además de caer el retablo, empezamos a pensar en títeres de dimensiones muy distintas, enormes, de dos metros de alto, que tenían que ser manipulados por dos titiriteros utilizando técnicas muy diferentes… 
  Entonces en primer lugar empezamos el entrenamiento de los titiriteros. Porque hasta ese momento el titiritero era un artista que tenía un retablo itinerante, dos o tres telones, y la fuerza de la obra puesta en la interpretación con técnica de guante, que es muy poderosa en sí misma. Pero ninguno había hecho lo que “La Bella y la Bestia” requería. Cuando la estrenamos, incluso sucedió que titiriteros de la época dijeron: “Muy lindo, pero esos no son títeres…”
Devenir111:
  Piazzolla…
Adelaida:
  Tal cual… Y en segundo lugar, se inicia un criterio de puesta en escena para escenarios con todo a la vista, digamos… Y de trabajar con escenógrafos, vestuaristas, realizadores… A perfilarse –algo que hasta ese momento no se había hecho- el ingreso de todas las otras artes, de todas las otras especialidades, a la estructuración de un espectáculo de títeres.
  Y bueno, la vida sigue hasta hoy…

Devenir111:
  Entiendo que el teatro de títeres te permitió concentrar la convivencia de artes y facetas diversas que en vos habitan. Aun, ¿por qué creés que desde hace tantos años seguís entrañablemente ligada al mundo de los títeres; qué seguís encontrando/desplegando allí?
Adelaida: 
  Sí. También suelo decir como en broma, que yo me desarrollé en teatro y música y que los títeres me eligieron ellos a mí. Porque de alguna manera es cierto que si mi camino no se cruzaba con el de Bufano, yo hubiera seguido como actriz. Entonces hay algo de circunstancial que se produce en un momento…
  A excepción de “Bimba”, el anteaño pasado, que no fue idea mía pero tanto disfruté, desde la muerte de Ariel yo empecé a dirigir y no me subí al escenario…
  Pero, ¿qué me pasa a mí cuando empiezo a experimentar la interpretación a través de objetos? Me doy cuenta de que es a través del objeto que el intérprete tiene una libertad ilimitada. Eso es tan fascinante, que difícilmente querrías volver a la limitación de tu cuerpo. Porque tu cuerpo te permite lo que vos podés hacer con él. Uno puede representar a “Julieta”, más o menos, hasta los 20 y pico. Pero si yo hoy quiero hacer Julieta con títere y retablo, lo puedo hacer. Puedo hacer lo que quiera. Y además de la libertad para interpretar personajes que uno tiene, está la libertad que el personaje tiene para hacer. Puede volar, suicidarse en escena… Puede hacer lo que se quiera.
  Esa posibilidad expresiva que te dan los títeres, no es la misma que tenés como actriz o como actor.
Devenir111:
  Imagino que eso también incide al escribir una obra…
Adelaida:
  Claro. Por ejemplo… Los estudiantes de la Escuela de Titiriteros, el año que se reciben tienen que escribir una obra. Y yo les digo: “Ustedes escriban, porque después de alguna manera eso se va a poder poner en escena.” A lo mejor con algo simple, tan sencillo que uno ni siquiera se puede imaginar, se produce en el escenario ese efecto que uno quería que se produjera…

Devenir111:
  Barajemos de nuevo. ¿Qué son los títeres? ¿Hay diversos “tipos” de títeres?
Adelaida:
  Definimos al títere como “Todo objeto movido en función dramática”. Las diferencias se dan según la técnica con la cual es movida esa figura. Hay tres técnicas básicas, a partir de las cuales se puede inventar hasta el infinito: títere movido desde abajo –el guante, la varilla, el marote-; títere movido desde atrás –de mesa, con manipulación directa al piso, sobre una mesa o lo que sea-; títere movido desde arriba –marioneta, puppet-.
  A esa definición suelo agregarle: Todo objeto, ‘antropomórfico o no’, movido en función dramática. Porque puede ser ese caballito, una botella, lo que sea; no necesita ser antropomórfico; sí generador de una situación dramática…
Devenir111:
  Como espectador, siento que esos objetos poblados de vida producen algo así como una “belleza inquietante”. ¿Cómo entendés el efecto encantador que los títeres generan?
Adelaida:
  Bueno… Hay una mirada que sería lo que pasa en un niño cuando juega con objetos a los cuales considera vivos. Algo que podría ser constitutivo de la persona humana en algún rincón de su cerebro… Pero en realidad lo que yo creo que sucede y el por qué el espectáculo de títeres ejerce esa fascinación…
  Partamos de que ir al teatro genera en el espectador un efecto catártico emocional bastante estudiado, e implica un acuerdo convencional de creer que lo que me van a contar los actores en el escenario es verdad; no es real pero es verdad. En los títeres, además de creer el cuento de la obra, yo me tengo que creer que ese objeto que me lo cuenta en el escenario, ese cacho de telgopor con un pedacito de tela pintada, de verdad está vivo. Lo que implica realizar una doble operación sobre la convención teatral. Si yo me creí eso, la posibilidad que tengo de proyectar mi emocionalidad en ese objeto es aun superior a la que tengo de proyectarme si lo que veo ahí es una persona actuando.
  En el primer número de “El gran circo”, hay un retablo y un títere bastante rudimentario, movido desde abajo por varillas que se ven, al que llamamos “Forzudo”. Primero levanta una pesa de 100 kilos, después otra de 500, y al levantar la pesa de 1000 kilos toda la sala exclama “Uuhhh…” Cuando eso sucede es porque ya entraron en código, y pasa siempre. Recuerdo una vez que finalizada la obra alguien me dijo: “Che qué lindo el espectáculo, y cuando el Forzudo levanta la pesa y se pone todo colorado…” Y no se pone todo colorado, no se puede poner todo colorado. Eso es lo que cada espectador proyecta…
  En los niños tal identificación fenomenal es muy notable, quizás porque para ellos es más común creer en el objeto vivo. Pero en cualquier caso, esa es la fascinación que los títeres ejercen…

Devenir111:
  La actual hegemonía de los dispositivos tecnológicos/pantallas ¿ha modificado la disposición del niño hacia los títeres?
Adelaida:
  Hay aspectos que desconozco… No sé si hay resistencia previa a ir a ver un espectáculo de títeres, si a los nenes los llevan a la fuerza o quieren ir… Lo que sé es que cuando están ahí, este fenómeno que recién comentaba se produce tal cual. Suelo pensarlo en términos de géneros distintos. Como si dijeras… cuando vas a ver ballet, ves ballet; cuando vas a un espectáculo de rock, vas ahí; lo mismo con un espectáculo de títeres, es un género. Y lo que constato, es que la gente sale encantada…
Devenir111:
  Si mirás hacia adelante ¿ves alguna modificación en la escena titiritera, va hacia algún lado, hay algo novedoso que puedas ubicar?
Adelaida:
  Lo que veo que se viene dando fuertemente desde hace algunos años, es que los directores de teatro de actores consultan, recurren para introducir títeres cada vez más; o quieren dirigir grupos de titiriteros… Y por otro lado, que una buena cantidad de los titiriteros formados en la Escuela, cuando salen al mundo lo hacen con espectáculos de títeres orientados para adultos.
  Hay por cierto un interés y un crecimiento en el impulso creativo.
  Otra cosa es la dificultad para llevar a cabo esos espectáculos comercialmente, pero eso ya no tiene que ver en específico con el arte de los títeres sino con la situación económica de este momento…

Devenir111:
  Hace ya años que dirigís el Grupo de Titiriteros del San Martín. ¿Nos contás en qué consiste tu trabajo, esa función, y qué ves desde allí?
Adelaida:
  El Grupo se creó hace 49 años. Soy la única persona que está desde el primer día… Pasé por los diversos roles… Primero solo titiritera, luego haciéndome cargo de cuestiones ligadas a la música, a la puesta, directora ayudante, directora, directora del Grupo, y cuando se murió Ariel quedé a cargo de todo…
  Mi tarea es, por una parte, programar al Grupo, pensar en cada año cuáles son los estrenos que se tendrían que hacer al año siguiente, con quiénes, cómo y de qué manera. Cada tanto dirijo algún espectáculo, aunque antes mucho más que ahora, dándoles lugar a los integrantes del Grupo a que dirijan, porque fue pasando –y es algo muy interesante- que ellos van creciendo como dramaturgos, se van desarrollando como directores… Cuando quedé a cargo del Grupo afiancé esa línea: ustedes háganme propuestas, las discutimos, veo cuáles son las más interesantes, y las planteo a la “Dirección general”. Durante muchísimos años todo lo que se hizo en el Grupo tuvo que ver con esta dinámica. Los sucesivos Directores siempre me aceptaban lo que yo les proponía, se programaba y se hacía…
  Con el tiempo diría que se produjeron dos modificaciones significativas… A partir de Jorge Telerman las siguientes gestiones de cultura vienen teniendo un criterio más comercial, una mirada más de empresarios que los lleva casi a reducir la oferta de espectáculos para niños –porque es más negocio, porque los padres llevan a los chicos- en las vacaciones de invierno. Tenemos una lucha permanente para estar más tiempo en el escenario… Otra cosa que ha sucedido desde De la Rúa para adelante es una reducción presupuestaria muy notable que redundó en una disminución relevante del personal que trabaja en el teatro. Entonces aunque el Grupo de titiriteros está en condición de hacer dos y a veces tres espectáculos simultáneos en tres salas a la vez, no hay técnicos (sonido, luces, vestuario, utilería) suficientes, o no se quiere pagarles horas extras. Algo similar sucede con los otros teatros del Complejo, aunque mayoritariamente no tienen personal técnico de planta, sino contratados…
Devenir111:
  Entonces… Para desplegar mejor la actividad titiritera en la Ciudad de Buenos Aires, digamos… ¿Qué política cultural concreta, posible, podrías sugerir?
Adelaida:
  Afortunadamente el Grupo de Titiriteros del San Martín es un “elenco estable”, con excelentes intérpretes, muchos de ellos realizadores, directores… De modo que vos tenés un presupuesto anual para pagar los salarios de las 30 personas que lo forman, hay repertorio, obras ya montadas, que ya se gastó en su producción… Entonces se podría hacer rendir eso muchísimo más, llevando espectáculos de títeres durante todo el año en teatros, escuelas, por toda la ciudad. Hasta generando recursos para la administración, pues en algunos casos podés ofrecer funciones de manera gratuita, y en otros cobrar la entrada –como se cobra en los teatros-. Yo lo explico a cada Director que viene una y otra vez, me responden claro que sí, pero no se hace. Agregale a eso que cada 3 años egresan de la Escuela alrededor de 20 titiriteros. Vos podrías rodar en forma permanente por cada rincón de la ciudad brindando espectáculos para las infancias, lo cual por otra parte es tu obligación como Gobierno. Nosotros queremos hacerlo. Llegar a gente que quizás nunca fue al teatro, que no va a ir al San Martín, y de pronto descubre algo, que vos no sabés qué puede significar en su vida…

Devenir111:
  Tomando el disparador de este número de la revista, ¿qué quisieras decirnos acerca de la niñez, de la infancia?
Adelaida:
  Yo tuve una formación docente especialmente maravillosa, porque me tocó un período de la escuela normal cuando la directora era María Hortensia Lacau, quien generó un método de trabajo que fue sumamente inspirador. Eso, más la formación que había tenido artísticamente, más mi ingreso en el Instituto Labardén, me dio sobre todo la experiencia de comprender cómo es el proceso creador en la infancia, y cómo deberíamos darle a la infancia la oportunidad de que se desarrolle y exprese a través del arte, pues es lo que produce la apertura de la inteligencia.
  Es una lástima que no siempre se trabaje de esa manera. Lo que sucede en general cuando los niños entran a la escuela es que toda esa capacidad expresiva de ellos se ve comprimida y va como desapareciendo a medida que se desarrollan. Por eso las escuelas tienen tan mala aceptación por parte de los niños y los adolescentes. Mi experiencia con la infancia ha sido la de descubrir cómo a través de las distintas expresiones artísticas se desarrolla la emocionalidad, la afectividad, la posibilidad de comunicación, de ser solidario, y también el pensamiento científico. Que no se genera por aprender que 2 más 2 es 4 sino por la expresión artística. Piaget decía “El niño que no juega no crece”. Yo agrego “El niño que no se expresa a través del arte no piensa”. De allí que la educación por el arte sea fundamental.

Devenir111:
  Para terminar entonces, me gustaría nos contaras cómo pensás la “formación”, en particular la del titiritero.
Adelaida:
  Bueno… La Escuela que nosotros hemos creado es una escuela que le propone al estudiante varias disciplinas que confluyen en lo que es un intérprete de teatro de títeres. Desde ya que le vamos a enseñar todo lo que tiene que ver con técnicas, interpretación, entrenamiento físico; dándole la oportunidad de que lo aplique. Pero nuestro lema director para la formación es que el estudiante debe encontrar su propia estética. Eso es lo fundamental, que se encuentre a sí mismo como artista y que exprese lo que él es como ser profesional del arte.
  Más que enseñar… Uno lo que hace es generar ámbitos en los cuales las personas aprenden, y trabajan en eso.
  La nuestra es una Escuela distinta de todas porque se desarrolla dentro de un teatro, y a lo largo de la cursada… pero especialmente cuando se reciben, tienen la oportunidad de estrenar un espectáculo con todas las herramientas que un artista necesita en el escenario.
  Y lo más interesante de todo es ver cómo, si son 20, son 20 estéticas diferentes. Cada uno es quien es como artista. Entonces a mí me parece que si yo colaboro en propiciar eso, la verdad es que vale todo la pena…

(Agradecimiento: Carolina Graff, integrante del Grupo de Titiriteros del Teatro San Martín)


Adelaida Leticia Mangani, actriz, música, titiritera, docente, directora, directora del Grupo de Titiriteros del Complejo Teatral San Martín.

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