
Un sábado reciente fresco y soleado, desde el mediodía –algo a las brasas, postre, vinito, poesía…- hasta pintar la noche. Con un par de ausencias, juntada amiga. Quizás borrachín el audio viene y parte, llega y se pierde. He aquí lo recuperado:
Miguel:
Supongo que siempre valoré la amistad, de maneras diversas a lo largo de la vida. Aunque tal vez el fallecimiento de mi viejo… El advertir repentino de la finitud digamos, me hizo reubicarla de otro modo. ¿Cómo decir esto? Porque también siento que solemos andar desatendiendo lo que vale, como avasallados por algo ante lo cual no plantamos bandera, creyendo que en la diaria no hay tiempo o lo habría mucho por delante. Entonces… Sin entrarle a los pormenores del asunto y con tu permiso che… Pero yo no quiero que alguno de nosotros no esté porque ocasionalmente le falte el mango –que en tal caso pondremos entre todos-. No acepto –planto bandera- que la economía nos prive de juntarnos. ¿Cuántas cosas más bellas hay en la vida que compartir con amigos? ¿Cuándo lo haríamos sino ahora?
Daniel:
¡Es eso, justamente eso lo que vez pasada le dije…! Yo necesitaría dos vidas para compensar –incluso en materia de dinero- todo lo que mis amigos hicieron por mí. Dos vidas… y no creo que salde la cuenta.
Miguel:
Propongo entonces: Una anécdota de un gesto de amistad, y otra de decepción de amistad.
Víctor:
Opp…!
Daniel:
Años atrás cuando murió mi vieja –les conté, conocen en cuáles circunstancias- fue muy valioso para mí que Víctor enseguida se acercara a acompañarnos. Lo que yo no sabía y me enteré hace poco, en la última juntada aquí mismo, era el quilombo que tuvo por su decisión de salir del trabajo en aquel momento, el entrevero con su jefe, las palabras que expresó, el modo en que le puso los puntos y se vino. Víctor, hermano. Y el otro día… Fuimos con Urruspuru a lo de Jota Hardmeier para una nota. De repente, aunque bebimos buenos alcoholes, yo empecé a sentirme raro, mal. Urrus se dio cuenta y en un gesto de lúcida amistad me metió en un auto –de lo contrario no sé si hubiera llegado- y me mandó para casa…
Decepción… Por ejemplo esa gente que, como les comentaba antes, hackeó mi cuenta y me mandó al frente en pelotudes. Tampoco eran tan amigos pero, decepción. Porque hubo cierta desprolijidad mía, pero terminaron armando un puterío que indefectiblemente me iba a generar y me generó un problemón; al pedo…
Urrus:
Está difícil… En principio me salió pensar una frase… Yo creo que la amistad es una suerte de pincelada de una acuarela de la eternidad acá en la Tierra. Es eso. Porque… En ese momento la amistad es la eternidad. Los humanos tenemos a veces conciencia de la cosa que es para siempre, por lo menos desde el alma. El gesto, lo que tiene que ver con el alma nos hace a lo sumo poder intentar comprender lo que es la idea de eternidad; y eternidad y amistad para mí van muy unidas.
La decepción podría ser cuando de pronto eso se rompe y uno se da cuenta lo mortal que es, lo finito, y la eternidad desaparece. Uno se da cuenta de que no es para siempre. Y eso duele más, porque cuando es de un amigo, uno no se lo espera. Cuando es de un desconocido no es tan grave, pero duele mucho más la decepción de un amigo.
Es muy difícil mantener la amistad, trabajarla… Pero es imprescindible, única; es uno de los grandes sentimientos humanos.
Víctor:
Recuerdo que en una entrevista me preguntaron cuál era mi mayor capacidad, y yo dije “mis amigos”. Porque donde yo no sé o flaqueo, están mis amigos y mis amigas. Y bueno, como estamos acá con Urrus y con Dani… Alguna vez fui muy cancelado porque no fui prolijo con una escritora que es maravillosa y es una mujer genial… Y me bancaron, ellos me bancaron en contra de todas las corrientes. Yo estaba que no salía de mi casa, de verdad muy triste porque se había roto algo que para mí era valioso, a pesar de que era responsable, me dolió un montón… Y estuvieron los dos con todas las controversias… Creo que la amistad es de los amores más grandes que existen porque… El amigo si te vas a mitad de la noche te banca, si pasa algo te entiende cosas que una pareja o la familia a veces no. Entonces me parece que ahí hay un valor que es fuertísimo.
Decepciones he tenido muchas, pero sigo igual creyendo y apostando a la amistad. Voy a contar una breve de cuando era mocosito. Estaba peleando por un trabajo, en ese momento yo en una situación muy complicada, y un amigo fue a primerearme. Ninguno de los dos consiguió el laburo, pero esa amistad quedó renga para siempre.
Por ahí a veces yo también pongo –ahora quizás no tanto- a los amigos en un lugar que no corresponde… Aprendí a pedirles lo que cada uno da; pero a veces no lo hago… Gandi decía “la paz se logra amigando”. Creo que la amistad es de los amores más grandes que hay y que hasta compite quizás con el de los padres, a veces…
Miguel:
Me sale contar amistad y decepción de amistad respecto a una misma persona. Un muchacho que conocí azarosamente de pibe y enseguida nos hicimos amigos, con la frescura aventurera de la juventud. Pateamos bocha juntos, compartimos muchos momentos bellos, e intensos. Con él realicé mi primera revista literaria, programas de radio, eventos, fiestas… En aquel momento… encontré algo que, me parece, la amistad puede brindar de forma única, esa suerte de “hacer yunta”. Alguien con quien tirar, que te hace y le hacés la gamba, sumando el aliento, el cuerpo, el empuje que falta para emprender y andar…
La cosa es que varios años después me jugó una fea, avanzando mal a mi novia. Y ahí hay una pregunta… No sé cuál es el borde. Porque a un amigo también se le bancan trastadas. Y te puede pasar que te caliente o te enamores de la mujer de un amigo… Pero él nunca me lo blanqueó –yo me enteré por ella y por otro amigote que presenció el momento-. Y lo sentí como una traición o una canallada que no soporté y en definitiva, quebró la amistad.
Daniel:
Y viéndolo vos ahora en perspectiva digamos… ¿No te daba para un trío?
Miguel:
Se ve que no…
Urrus:
Otra situación es enamorarse de la ex mujer de un amigo. Que no debiera pasar. Pero si sucede yo creo que hay que hablarlo con él, explicarle lo que sentís, a la espera de que te habilite.
Víctor:
Claro pero… Aun cuando me reconozco posesivo de mis ex… Y pueda molestarte… Si se da se da. Y digo, si uno no está más ahí, con ella… ¿Por qué permiso?
. . . . .
Miguel:
De pibe me salía más fácil hacer amigos. Luego pasé por un tiempo en que me puse como osco para encontrar nuevas amistades…
Daniel:
Bueno, yo cuando regresé de Tierra del Fuego a Buenos Aires no volví a hacer amigos por mucho tiempo. Después sí, pero por muchos años mis amigos eran los que había dejado en Tierra del Fuego. A quienes en cierta instancia llamé “La cofradía de la lepra” porque… Según me enteré de grande, mi tío abuelo que tenía un Citroën y me llevaba a todos lados, se había casado con una mujer que conoció en el leprosario de Córdoba; y resulta que todos los amigos que yo siendo chico frecuentaba con él en La Plata, habían sido amigos del leprosario…
. . . . .
Urrus:
La amistad es una cuestión extraña, sucede aunque uno no se la propone. Me ha pasado de gente que no me gustaba y de pronto fue mi amiga. Se hace a veces con el tiempo y otras veces rápido. No hay un patrón, una medida…
Miguel:
En la otra punta, algunas se cortan por un episodio concreto, otras se van diluyendo… También me ha ocurrido recibir un acto de amistad muy noble de quien no lo esperaba. O ser amigote de alguien cuya forma de vida, para decirlo así, no me resulta simpática, y sin embargo en el plano de nuestro encuentro la amistad sucede…
Daniel:
Sí. Por otra parte…
. . . . .
Víctor:
Es eso, justamente eso. Entonces… ¡Venga otro brindis!
