Miguel Ángel Rodríguez: «Una re-lectura de la versión simbólica del Padre»

  Según se advierte, cuando alguien, interpelado por aquello que lo jaquea o le pasa se lanza a la “asociación libre”, cada tanto su palabra evoca la cuestión del padre.
  Cuestión que el Psicoanálisis desde su surgimiento hasta hoy ha desplegado en modos diversos. Sin coincidir con la tendencia a suponer que el último anula o desprecia los anteriores esbozaré aquí una re-lectura de la versión clásica de Lacan acerca del Padre simbólico, por la vigencia de su eficacia.

I- Prólogo clínico: cuando el síntoma se cruza y edificar o sostener detiene
  Pablo, a tono con la “neurosis obsesiva” que lo forma, solía quejarse de haber sido excesivamente amado por su madre y de la intervención al respecto demasiado tibia de su padre –por quien sentía a la vez mociones de amor y de odio-. Finalizando los años 90 comienza a grabar para un programa de radio, con novedosa tecnología digital, una historia en cinco capítulos sobre la colonización de América. Lo que pone en análisis es cierto tropiezo, cierto no poder avanzar en el relato que había embarcado. Mientras habla dibuja en el aire los bloques de ese constructo trunco que se alza piramidal… Sorprendido profiere: – ¡Parece un podio al padre!

II- Traza del recorrido
  Lacan sitúa al Padre como una función simbólica, estructurante de todo ser humano, de cada sujeto. Incluso en el posicionamiento de su identidad sexual –no por fuerza unívoca con la biología del sexo, con el reparto bipartito de la naturaleza-.
  Tratándose de una función, no exige la existencia física del padre, que este sea varón, ni deviene siempre de las acciones del padre empírico.
  Hace al asunto que la palabra de la madre le haga lugar a la “terceridad” paterna. Quien ejerce tal función, fundamentalmente añudada a la “ley de prohibición del incesto”, no es su dueño ni coincide con ella. Sí ha de hacerse valer para representar la ley a la que se ajusta –y su modo de hacerlo genera consecuencias-, en el territorio libidinal que liga el deseo del niño al deseo de la madre.
  Participando entonces de la famosa “triangulación edípica”: padre, madre, hijo. Triangulación que, por girar en el deseo, pivotea en un cuarto término que lo ubica, el falo. Así, será por la atribución imaginaria del falo, que el padre real, si en el momento propicio da prueba de ser capaz de agenciar tal incidencia fálica[i], se inscribirá como padre simbólico.[ii]
  Es típico en Lacan el movimiento que tiende a reducir la “complejidad” de la narrativa freudiana –y al unísono de la “novela familiar del neurótico”-, a ciertas “formalizaciones”. En este caso, entendiendo al padre como acción eminentemente simbólica, como significante, a una de las operaciones del lenguaje[iii]: la metáfora –paterna-. Por la cual en el niño se “sustituye” el significante del deseo de la madre por el significante del nombre del padre.
  Pero retomemos. Por su carácter “universal” y paradojalmente “a-histórico” –pues emplaza el origen de toda y cada historia, aunque no en su cronología-, Freud se ve llevado a concebir al Padre en términos de “mito”: el de El padre de la horda primitiva y el de Edipo.

III- Padre simbólico – Prohibición del incesto: Levy Strauss, Freud, Lacan
A-
  Resulta revelador que dicho carácter recién referido al padre también se encuentre en el ideo antropológico de Levy Strauss[iv], en su modo de replantear la relación y quiebre del tándem “naturaleza” / ”cultura”.
  Lo “universal” (innato), de la “naturaleza”. Lo “particular” (adquirido, construido), de la “cultura”.
  Pero al verificar sus exhaustivos estudios que todas las organizaciones sociales de nuestra especie rayadamente simbólica se asientan en alguna forma de “prohibición del incesto”, esta condición universal define la naturaleza propia de la cultura humana.
B-
  Para cimentar la construcción simbólica del Padre, Freud despliega un “mito del origen”[v] donde irá situando algunas características (la “ambivalencia afectiva amor/odio”, el “sentimiento de culpa”-deuda, etc.) que se reiteran en la neurosis a propósito de lo que denomina complejo paterno. Lo resumiré no sin forzar un par de fórmulas pergeñadas por Lacan en otro escenario[vi].
° Mito de un “proto-padre” “violento, celoso, que guarda para sí a todas las hembras y expulsa a sus hijos a medida que crecen”[vii]. Un tirano que en su (omni)potencia posee a todas las mujeres, sin límites ni faltas a su apetito sexual –límite que impone al resto-.
  Lacan escribe el algoritmo: Existe “al menos un” x tal que la propiedad Φ no se aplica a x, o sea “no está castrado”.
° En los hijos-hermanos, además del odio al déspota por lo que les cercena, la envidia, el amor a él y la admiración por los atributos de su potencia. Unidos como “horda”, lo asesinan para ocupar su lugar. Devorándolo en una “comida canibalística” –que cada “fiesta” conmemorará con llanto y desenfreno-, acto de identificación[viii] por el cual lo incorporan, tomando el poderío de los rasgos que él porta.
  Muerto el “proto-padre”, vía “sentimiento de culpa” y “obediencia retrospectiva”, en adelante aquel impedimento se vuelve Ley, interdicción del incesto, para todos los hombres –prohibiéndoles aquella/s mujer/es codiciada/s a la/s que sólo quien ahora es reconocido en el lugar de Padre simbólico, tiene “derecho”-.
  Lacan escribe el algoritmo: «Todos» los x (los hombres) están sometidos a la función Φ, o sea “están castrados”.
° Entonces, la afirmación de Freud al comentar el mito: “El muerto adquirió un poder mucho mayor del que había poseído en vida…”[ix]; responde a una lógica según la cual, la excepción del “al menos uno”, funda la Ley de la castración –la prohibición del incesto- que impera en “todos”.
C-
° Es tal función la que está en juego, la ejerza quien la ejerza. Que el padre real –en tanto que hombre, él también sometido a la ley de la castración- asuma en el momento propicio los poderíos que se le imaginan con los efectos que dicha atribución conlleva, vehicula se lo inscriba como padre simbólico, ubicando al falo como símbolo del objeto de la falta de la madre, aquello que más acá y allá del niño, ella desea.
° Barajemos de nuevo. La “condición humana” parte de cierta falta, pérdidacastración-. Tramitada por la “prohibición del incesto”[x], esta divide/separa la mítica relación “fusional” madre-hijo: prohibida, perdida la madre, su falta inaugura un campo “otro” mundanamente deseable[xi]. Así la “Ley del padre” funda, principia la vida: perdido como “objeto de goce” de la madre, el hijo se vuelve “sujeto deseante”.

III- Tres tiempos del Edipo
  Caractericemos al padre en los “tres tiempos” que según Lacan[xii] organizan la ficción cronológica del “complejo de Edipo”. 1° Padre velado, implícito. 2° Padre que castra (privando a la madre), prohíbe/frustra, pues dice “no”. 3° Padre que tiene, da/promete; tiempo para el niño fecundo en identificaciones y potencialidades.
  Al inicio la relación fusional madre-hijo captura al niño como falo imaginario, como objeto que pudiera colmar el deseo de la madre –lo que a ella le falta-, soslayando la castración.
  En la medida que la madre abre su deseo, convocada y dirigiéndose al del padre, este se hará presente primero como rival, luego como interdictor… para finalmente conmover la economía libidinal-fálica. El niño ha de renunciar a “ser” el falo imaginario del Otro primordial, invistiendo ahora al Padre como aquel que “tiene” y dona el falo en tanto aquello que llama y regula al deseo de la madre.
  Agenciándose así la “Ley del padre”, el deseo como “deseo del Otro”, la castración cual pérdida simbólica de un objeto imaginario; la “salida” del Edipo –el “Ideal del yo” vía “identificación” al padre-.
  Tras la represión del deseo edípico, el sujeto sale del tercer tiempo provisto del Ideal del yo, instituido por identificación[xiii] a las “insignias” del padre que lo capturan. Tipificando lo que ha de hacer como hombre o como mujer.

IV- Metáfora paterna


  El Seminario V participa de ese tramo en el cual Lacan expone enfáticamente las cuestiones desde lo simbólico y las leyes del lenguaje, metonimia y metáfora. Definamos a esta última como sustitución de un significante por otro, mecanismo que genera un “más de sentido”. De modo que un significante queda “reprimido” en beneficio de otro nuevo que lo sustituye.
  En ese marco Lacan entiende al deseo de la madre como “significante”, evocando al conocido “Fort-da”[xiv] freudiano. Por un lado, la pregunta en el niño por la “ausencia” de la madre, por cuál querer la lleva en sus idas y venidas, se responde con el “significante del nombre del padre” como aquel que le da razón y significa al deseo de la madre.
  Por otro, a la vez, la “represión originaria” en el “inconciente”, del “deseo originario”, sustituido por el significante del nombre del padre que lo nombra metafóricamente, precipita la “división del sujeto” (“spaltung”) como efecto ineludible de su acceso al orden simbólico humano; y la “significación fálica”.
  Si antes estaba bajo el deseo de la madre cual “x” imprecisa, la intervención del nombre del padre en la metáfora paterna estabiliza el valor de lo que se quiere/tiene/es en términos de significación fálica.

V- Punteos diversos

  Lo que narra el Edipo, la novela familiar de padres e hijos, son los avatares y consecuencias de cómo el niño fue separado del objeto primordial adviniendo sujeto.
  El significante de la madre, significante del objeto primordial; el significante del nombre del padre, función del padre como prohibidor-obstáculo. Pero ese “no” que el padre opera es condición del “sí” característico del tercer tiempo del Edipo y su salida. En donde el niño se “convierte” por la identificación con el padre, a sus insignias, para obtener el “título de virilidad” y tener lo que el padre tiene. 
  Si P/M formaliza el Edipo clásico en el hijo varón, su modalidad en la hija le ha generado a Freud dificultades[xv], concibiendo la salida edípica para la mujer por el lado de la “maternidad”. Punto que abre diferencias rotundas con Lacan, quien irá distinguiendo la “extraviada” posición femenina –la “verdadera feminidad”- en el devenir de su obra. Por el momento describe esa tercera etapa como más sencilla para la niña, pues en vez de enfrentarse con la identificación referida cargando dicho título, ella sabe dónde está el falo y dónde ha de ir a buscarlo –al padre-, dirigiéndose a quien lo tiene –el hombre-.
  Resume Lacan[xvi]: “Así es como puede ser franqueado el tercer tiempo del complejo de Edipo, o sea, la etapa de la identificación en la que se trata para el niño de identificarse con el padre como poseedor del pene, y para la niña de reconocer al hombre como quien lo posee.”

  La pareja parental (Padre-Madre, P/M), en tanto que lazo social ordenado por el “Discurso del Amo”, se simboliza a partir de la pareja significante S1-S2, fundando identificaciones.
  Pero no funda ni se identifica con la “proporción sexual” del hombre y la mujer… tan anhelada como imposible. “La relación sexual no existe”, afirma Lacan para establecer eso que no encaja, perturbando las relaciones existentes.
  Y es que hace ya a la lógica constitutiva del Edipo que el objeto predestinado –la madre- esté prohibido/perdido como partenaire, exigiendo realizar otra elección, por ende nunca plenamente satisfactoria. De modo análogo el hombre que una mujer elija, será sustitutivo de aquel prohibido/perdido.

  En el Seminario V Lacan parte –alterándolo- del esquema nodal de la “comunicación”: mensaje-código.
  Respecto al código –A[xvii], el Otro, el lenguaje- el significante del nombre del padre es el Otro en el Otro, el que efectúa un “cierre” en el sistema haciendo del lenguaje en vez de caos un “todo”, el que promulga la ley del Otro. Ahí donde ley no es igual a regla maquinal, ni el padre una entidad abstracta. Pues el significante del nombre del padre es también aquel que acepta, permite la excepción singular, el neologismo, el lapsus, el chiste/“witz”[xviii].
  Respecto al falo, este se ubica a veces como significado φ, y otras como significante Φ. Si el Nombre del Padre es el significante del significante, el Falo es el significante del significado.
  Pero es crucial advertir que el valor de ambos se prisma desde S (Ⱥ), el significante de la falta en el Otro. Pues la castración/deseo del sujeto parte de la castración del Otro, objeto de deseo deseante.

  Puede encontrarse en Freud otro modo de situar P/M: Principio de Realidad/Principio de Placer[xix].

  El despliegue de la obra de Lacan va haciendo eje en la castración –la falta-, ya que el Edipo, en definitiva, metaforiza la pérdida de la “naturaleza” por la “cultura”, el hecho inefable de que la palabra “prohíbe” el goce: A/G[xx] .
  Edipo; prohibición del incesto, interdicción del objeto primordial por la Ley del Padre. Vía que sigue el recorrido descripto hacia la salida por identificación al amado-asesinado que se idealiza como “Ideal del yo”.
  Castración; más acá/allá de la Ley que la sanciona y el Edipo que la novela, pérdida de satisfacción/goce por efecto del lenguaje –razón por la cual hay deseo-, y su resto, su recupero como “más de goce” singular. Vía otra que por asumir la castración también conviene tomar en la dirección/final de un análisis.

VI- Pasajes
  En cuanto al padre, se conocen las diferencias, los planteos críticos hacia Freud de Lacan –cuya conceptualización es coetánea al declinar del padre en nuestra cultura[xxi]-.
  Del imaginario al simbólico, de éste al real; del nombre del padre al padre del nombre; del nombre del padre a los nombres del padre; de la versión a la per-versión; del síntoma al sinthome; del borromeo de tres al cuarto que anuda; etc… Conviene registrar cada pasaje en la obra de Lacan, a la vez en viceversa.
  También puede trazarse cierto contrapunto entre padre simbólico/muerto y padre deseante/vivo, ese que opera con su desear nombrando la singularidad del hijo en su historia.
  Padre que desde otra perspectiva se ubica en el sujeto cual bisagra entre pulsión de vida y pulsión de muerte.

VII- Epílogo clínico
  Entonces –y ello anima la orientación de un análisis- a cada quien le toca hacer del padre, distinto a podio, instrumento; servirse de él, “saber usarlo”… para hacerse una vida.


[i] Es decir, de que detenta “aquello de lo que todo hombre está desprovisto” –el falo-. (Dor)
[ii] Aplicando al padre los tres “registros” distinguiremos padre real, padre imaginario, padre simbólico. (Lacan)
[iii] Nos referimos a la metonimia como “deslizamiento” en la cadena significante –del sentido bajo ella-, y a la metáfora como “sustitución” de un significante por otro –generando un más de sentido-. (Jakobson, Lacan)
[iv] Levy Strauss, “Las estructuras elementales del parentesco”.
[v] De raigambre darwiniana.
[vi] Retomando particularmente a Frege, Rusell, Pierce; fórmulas de la “sexuación”; Jaques Lacan “Seminario XX, Aun”:

[vii] Sigmund Freud, “Tótem y tabú”.
[viii] Véase S. Freud, “Psicología de las masas y análisis del yo”.
[ix] Sigmund Freud, “Tótem y tabú”.
[x] Ley que opera dirigiéndose a ambas partes; prohibiendo la madre al hijo, y el hijo a la madre.
[xi] Es porque la madre se pierde que las mujeres se desean. Aunque no todas… Para ubicar la “condición de amor erótico” –de una “tyché” en el encuentro al “automaton” de la compulsión- véase S. Freud, “Sobre un tipo particular de elección de objeto en los hombres” y “Sobre la tendencia universal a la degradación de la vida amorosa”.
[xii] Jaques Lacan, “Seminario V, Las formaciones del inconciente”.
[xiii] “Toso como mi padre”, ejemplifica Lacan trayendo a la Dora freudiana…
[xiv] Juego en el que un niño inscribe la “ausencia-presencia” arrojando un objeto fuera de su espacio. S. Freud, “Más allá del principio del placer”.
[xv] Pues el padre se ubica como objeto de amor asumiendo al mismo tiempo la función simbólica de obstáculo, yendo a la vez la madre al lugar de prohibidor.
[xvi] Jaques Lacan, “Televisión”.
[xvii] A de “Autre”, francés de “Otro”.
[xviii] “Witz” cuya arquitectura metafórica es también la del nombre del padre…
[xix] Sigmund Freud, “Formulaciones sobre los dos principios del acaecer psíquico”, “Más allá del principio del placer”.
[xx] A (Autre, Otro, lenguaje). G (goce).
[xxi] El Amo (antiguo), no trabaja. En el capitalismo, el padre sí que labura…


Referencias bibliográficas principales:
– Dor Joel: El padre y su función en psicoanálisis.
– Freud Sigmund: Tótem y tabú, etc.
– Lacan Jaques: Seminario V Las formaciones del inconciente, etc.
– Miller Jaques Alain: Lectura del Seminario 5 de Jaques Lacan, etc.


Miguel Ángel Rodríguez, psicoanalista, escritor.
licmar2000@yahoo.com.ar

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