Escalera arriba, el ingreso a la vivienda despliega un espacio holgado. Dos tazas de café esperan sobre la mesa para amenizar la charla. Y más allá, a un costado de la ventana al sol del mediodía, un piano donde se escuchan noches, músicas, mundos.

Devenir111:
Empecemos desde algún lado. Naciste en 1976; año que en otro andarivel –por el inicio del proceso/dictadura cívico/militar-, ha marcado la historia de los argentinos. ¿Sentiste su huella; de cuál modo?
Pablo:
Sí, claro. Obviamente era muy chico, pero entré en la escuela justo en el año de Malvinas. Y como sabemos la dictadura no terminó exactamente en el 82, sino que en realidad hay un eco que pervivió en la sociedad, en las instituciones… Entonces si bien yo fui a una escuela muy amable, una escuela del Estado… La metodología, digamos, el trato con los alumnos, tenía un fuerte componente militarista, muy notorio. Recuerdo que cuando en el recreo tocaba la campana te tenías que quedar parado. Y empezaba a caminar el profesor –que encima era el que más queríamos, un genio, Torres; pero eso que hacía era un espanto-, empezaba a caminar entre todos, y si te movías te mandaban la Dirección… Bueno, esas cosas, ¿viste? Además yo venía de una casa bastante artística. Desde el 82, un poquito antes de la democracia, mi viejo estaba metido en un proyecto que se llamó Teatro de la Libertad, un grupo de teatro callejero. Por lo tanto también yo estaba bastante en el espacio público y con una actitud militante contra lo que venía sucediendo, desde mi familia y desde el arte. Así que sí, lo recuerdo un montón…
Devenir111:
Siendo tu andar diverso, pues surca distintos lares… ¿Cómo resumirías tu recorrido desde el comienzo hasta hoy?
Pablo:
En la adolescencia/juventud hubo un momento –más allá de cuestiones familiares, infantiles o las que fueran- en que se produjo en mí cierta sensación inquietante, de querer decir cosas y trabajar con lenguajes artísticos. De interesarme por algo que aunque no sea hegemónico, por alguna extraña sensibilidad te convoca. Supongo que eso nos pasa a muchos, pero no todos lo continúan. Algo como descubrir el pequeño secreto que está por ahí. Como si esos proyectos guardasen un enigma que uno tiene que terminar de revelar. Cuando empezás a salir de noche, yo no iba a bailar, iba al Parakultural; no veía estrenos sino películas francesas. Y comencé a juntarme con amigos a los que les pasaba lo mismo, y con amigos de amigos, y Villa Crespo se extendió a Parque Rivadavia, Caballito, el Centro, San Telmo, y la ciudad era una jungla donde no sabías lo que iba a pasar, una aventura floreciente. Lo que me pasaba era que vivía cosas, y quería hacer. Leía y empecé a escribir, vi teatro y lo hice, empecé a escuchar música y entonces agarré una guitarra que estaba en casa y fui a estudiar con una profesora de guitarra… Quizás esté haciendo mucho foco en ese momento, pero siento que esa situación que me rodeaba fue inspiradora. Al terminar la secundaria fui al Conservatorio cuya formalidad no culminé, pero sí me metí en muchos talleres interesantísimos, estudiando a mi manera. Después la vida me lleva a vivir en Rosario y voy armando bandas, escribiendo, publicando, ensayando, tocando en vivo, armando todo eso…
Pero es cuando vuelvo de Rosario, me parece, que hay una cierta maduración en mí, que me lleva a focalizar mejor el proyecto. A partir de ahí me asocio con un flaco que tocaba el violonchelo y empezamos a versionar algunas canciones que me gustaban de ámbitos distintos a nuestra forma, y a cantar unas canciones nuevas que yo tenía, que no estaban encuadradas dentro de la lógica del rock que en aquel entonces a mí me parecía un poco hegemónica y empobrecida, sino que tomaban de acá y de allá. Había mucho del rock pero también un aire medio criollo, folclórico, de jazz o de beat, de canción de los años sesenta, Fabio…
Entonces ese mélange de piezas, de repertorios medio desclasados, de alguna manera signa el camino que emprendí. Pues si bien luego dejo eso atrás, también fue para profundizar cada una de estas cosas que te estoy contando, en estudios y elaboraciones musicales distintas, aunque ya con una identidad sonora propia.
Mientras tanto la escritura, y por mi interés por el cine el actuar y colaborar en películas muy hondamente.
Devenir111:
Con esa perspectiva recorrida, permitime volver a empezar de cero. ¿Qué es la música, entonces?
Pablo:
En mi propia historia, digamos, la música es una manera de transformar el lenguaje en canto, de cargarle sentido a determinados versos y permitirles una comunicación con los oyentes, con el público, mucho más emotiva, profunda, intensa, emocional.
Después, bueno, es una herramienta, un lenguaje artístico genial porque a la vez se autoalimenta, no depende de nada. La literatura depende del lenguaje verbal. El trabajo con las formas tiene esa disputa sobre si representar o inventar a partir de ellas y los colores. Pero la música es intangible y es una organización del sonido en el espacio y en el tiempo.
Entonces te diría que a partir de la investigación de ese lenguaje, el canto se transforma en una compañía. Pues lo cierto es que con la música nunca me siento solo. Podés sentarte al piano, agarrar la guitarra y empezar ahí a elaborar algo, una forma de pensamiento que no está ligado a lo racional…
Devenir111:
¿Compones en piano, en guitarra?
Pablo:
Me paso de uno al otro, hago eso. O sea, cuando puedo trato de componer sin nada, más bien como en general lo que compongo son canciones, trato de centrarme en ese discurso de la palabra cantada. Y muchas veces los instrumentos con sus mañas te condicionan a tal o cual movimiento armónico; estás acostumbrado a ir de un acorde al otro, vas a lugares ya conocidos. Entonces, quizás el devenir melódico se siente un poco menos libre, en mi caso. Cuando podés ir elaborando ese trazo en el tiempo, en la melodía, uniéndose a determinadas palabras que van apareciendo o no, van apareciendo de forma medio velada, ciertos sonidos, cierta idea. Algo que sin el condicionamiento armónico, toma caminos insospechados. Después lo bajo a la guitarra o al piano, y ahí uno va completando el sentido de lo que se canta. Entiendo así la armonía, es el primer contexto, después viene la instrumentación. Pero el primer contexto es, bueno, cuáles son las notas que van a rodear ese hueso, digamos, que es la melodía de la palabra cantada. De la misma manera te diría con la letra, trato de que aparezca todo junto.
Esto no es siempre así. Depende cuál sea el plan. Ahora por ejemplo estuve trabajando mucho con las formas fijas criollas. Entonces las formas fijas ya tienen un recorrido rítmico pautado de antemano y un cierto contorno melódico que también está trazado. El campo de invención es mucho más chico. Pero esas limitaciones también permiten un desarrollo de libertad muy grande, pues ese camino acotado te lleva a tratar de pensar cómo vas a elaborar ahí tu propio discurso.
Te digo todo esto porque en ese caso las palabras son las que terminan definiendo. Y la canción se presenta con la escritura de los versos que también responden a una cierta estructura; son cuartetas, son sextinas, la rima está más o menos así… Yo siempre un poco lo rompo, ¿no? Pero más o menos hay que mantenerlo, si no ya me voy de la forma fija que estoy trabajando.
En otros casos, como decía, aparece todo junto.
He escrito muchas canciones a las cuales les he quitado la letra, quedándome con la música. Pero difícilmente al revés. O sea, a una letra para mí es muy difícil ponerle la música dos veces. Pero a una música sí puedo ponerle la letra dos veces. Tengo que alejarme, dejar pasar el tiempo, tocarlo un poco y tratar de olvidarme un poco de aquello. Igual siempre algo queda, algo del sonido de determinadas palabras o de la idea primera. Entonces no son completamente otras, aunque hay algunas que han cambiado mucho.
Sí siento que la canción está realmente definida cuando la letra está, ahí yo ya no tengo dudas. Y ni hablar si la grabo, digamos, si queda sellada en algo, ya está.
Devenir111:
Nombraste la guitarra, el piano… Te pregunto por ese otro instrumento extraño –que siento has trabajado- que es la voz, tu voz.
Pablo:
Bueno, te diría que fue de los campos o herramientas de investigación musical más complejos, pero también más gozosos para mí en los últimos años. Más al comienzo, pero durante mucho tiempo me llevé más bien mal, me costaba afinar, no me terminaba de gustar cómo cantaba… Algo que tiene que ver también con hasta dónde te gusta lo que producís o no, con la autoestima, con la construcción de tu propia identidad artística, digamos. Lo cierto es que en un momento eso se asentó. Bueno, “es mi color”. Y entonces te das cuenta que ese color puede matizarse y podés encontrar muchos tonos distintos… Es lo que más investigué en los últimos años…
Yo estudié canto con Lucía Maranca, con la cual también estudiaron muchos colegas. Una señora fabulosa, muy inspiradora, muy genial, italiana, que vino en la posguerra trayendo una técnica de piano y acá terminó de elaborar una técnica de canto, muy ligada a la música contemporánea del siglo XX, pero que le permitía meterse en todo género y lenguaje expresivo. La verdad es que ella me cambió muchísimo el enfoque, me descubrió posibilidades mucho menos tortuosas y mucho más divertidas e insospechadas. Soy un poco devoto de ella, escribí un libro sobre su vida y su obra. Falleció años atrás, pero por momentos con mayor o menor rigor por estar en otras cosas, hay una cierta técnica a la que vuelvo, y me siento en un estudio constante al respecto.
Cantar ante todo es una forma del habla. Así como cuando me preguntabas por la música te decía que la vivo ligada al canto, también te diría que el canto es lo que logra que el habla suceda de una manera más verdadera.

Devenir111:
Aun cuando… Bueno, se te suele ubicar como “cantautor rioplatense”. ¿Te sentís identificado por ese nombre?
Pablo:
Más o menos, la verdad que no tanto… Por un lado porque el cantautor refiere a un linaje en el cual yo no me siento tan identificado. Digamos, me siento más músico, siento que provengo de una mirada y una estética que tienen más que ver con el rock…
Devenir111:
A pesar de tu “manifiesto” ya casi célebre…
Pablo:
Exacto, sí. Pero esa es mi cuna; creo que si escribí tal manifiesto es también porque tengo una mirada que participa del rock.
Y por otro lado porque me parece acotado, ya que yo no canto nada más de lo que soy autor. Desde un comienzo la elaboración de mi poética sonora, llamémosle así, en buena parte es la interpretación de obras ajenas. Mis versiones de Rodrigo, Ramón Ayala, DJ Polo, Fabio… Obras con las que me metí bastante, canciones que quedaron muy pegadas a mí y yo quedé muy pegado a ellas… Desde el primer momento hasta hoy trabajo mucho las traducciones, ahora mismo estoy muy metido en esas cosas. Entonces el cantautor para mí es una especie de poeta que utiliza la música para que la palabra cante. Y yo también soy eso; pero no siento que sea nada más que eso. Razón por la cual en algún tiempo empujé mucho el término “cancionista”. Que a mí sí me dice más, porque sí me siento ligado a las canciones. Pues si bien he grabado, elaborado y me interesan las músicas instrumentales, sin voz, no dejan de ser investigaciones que no están en el centro de lo que hago. Tarde o temprano termino cantando, y me interesa muchísimo la historia de la canción, las diferentes corrientes de lo cantado.
En cuanto a “rioplatense”, si bien hoy estoy viajando mucho a Uruguay, es un término que evoca cierto matrimonio entre Montevideo y Buenos Aires, que trae una historia, una carga de sentido con la que no me identifico del todo. Por sentirme muy ligado también a las músicas europeas –francesa, española, alemana- y norteamericanas. Entonces si se trata de dejar afuera todo eso que participa del hueso de mi identidad, me quedaría con “porteño”. Ya que francamente, aun con el amor que siento por la murga, cantar entre ocho disfrazados en la calle no es lo que hago, no me sale. Entonces si alguien dice “sos un cantautor ‘rioplatense’”, bueno. Claro que lo soy. Aunque si nos ponemos precisos…
Devenir111:
Corregime si me equivoco, pero creo que te resulta más propia una formación musical acotada que una gran orquestación…
Pablo:
Sí, es lo que más he recorrido a lo largo del tiempo. Igual en un momento disfruté mucho la orquestación. Con la “Orquesta de salón”, sobre todo en el segundo disco que es el de sonoridad más compleja, escribí buena parte de la partitura, para doce músicos. Fueron años de tocar en todos lados. Algo para mí muy intenso, enriquecedor, y gozosa esa polifonía, esa paleta amplia, digamos. Pero es verdad que lo que más he realizado fue en formato de dúo, trío, cuarteto… También un poco hijo de las circunstancias, por una cuestión de logística, de costos, es difícil salir con muchos músicos.
También he tocado mucho solo, muchísimo. Desde el 14 hasta la pandemia hice giras por casi todas la provincias –cuyo, patagonia, litoral, noroeste, centro, costa-, solo.
Devenir111:
Supongo que es un entramado pero igual lo pregunto así: ¿Te ibas de viaje con tu música o tu música te llevaba de viaje?
Pablo:
Un entramado, tal cual. Por un lado una forma de trabajo muy específica, o sea yo de esa manera salía a ganarme el pan, digamos, y volvía con plata para poder vivir. Por otro fue una salida a la aventura; conocer cantando mis canciones casi todo el país, algo que seguramente no hubiera podido hacer sino de ese modo. Un buen combo, digamos. También sentía que el hecho de cantar y tocar tan seguido las canciones en vivo me ayudaba a elaborar mejor mi forma interpretativa, me daba metraje. Cuando tenés cinco presentaciones seguidas, ponele, por ahí el último día estás cansado; pero es enriquecedor en ese no tener ganas igual ir a hacerlo. Recuerdo en conciertos momentos reveladores, espifánicos, de darme cuenta de que algo estaba pasando con la música ahí, experiencias concretas de encuentro con personas, con públicos… Pensá que aparte las giras eran organizadas por mí y con una producción baja. Entonces he tocado en más de un teatro lindo pero también en bares, centros culturales… He dormido en más de un hotel lindo pero también en departamentos que me facilitaba el productor de ocasión, en sofás en casas de familias…
Devenir111:
Es interesante escucharte hablar de tu forma de viajar, distante del modo actual del turismo –Uy, insisto en tener problemitas con ese formato-…
Pablo:
¿Por qué?
Devenir111:
Porque siento que el turismo más que acercarte al lugar, te aleja. Que te acerca más al consumo y el suvenir, que a la gente y su cultura.
Pablo:
Já! Pero sí. La manera de vincularte con la ciudad y con las personas es muy distinta. Cuando la situación daba les pedía que me llevaran a una librería para comprar un libro del poeta local o alguna antología, recorrer, después una nota en la radio del lugar, a la noche charlar con los que vieron el concierto… Entonces tenés una relación con las personas mucho más honda que si sos un visitante con una cámara colgada…
Devenir111:
Hace un ratito hablabas de la voz en términos de color, tonalidades… Cual articulando las artes que hacés. ¿Cómo es eso de estar ligado al canto, la música, la escritura, el teatro, el cine…?
Pablo:
Divertido; no te aburrís! Así como ante una canción en el momento de tocarla en piano surgen ciertas cosas y en guitarra otras, que se articulan, un poquitito lo mismo pasa con los distintos lenguajes artísticos. A diferencia de la grabación o la escritura, lo escénico del teatro o lo vivo de la música –por más que tengan su texto- brindan la posibilidad de ir haciendo en el momento. En el cine también suelo participar con la música. Y en ese pasar de un instrumento a otro, y también de un lenguaje a otro, tomo prestadas posibilidades, recursos…
Devenir111:
En tus 50 pirulos mundanos habrás vivido cambios rotundos, por ejemplo en la tecnología. Cuando naciste no había internet. Sos un tipo que camina la calle, va por la Tierra, cuando a la par hoy todo tiende a habitar en cierta Nube virtual… ¿Cómo te llevás con eso?
Pablo:
Tengo la sensación de que va a pasar, digamos, de que justamente como una nube, en algún momento se despeja. En la última década me he metido con lecturas bastante intensas que me dieron una mayor conciencia histórica… En efecto internet llegó cuando ya era grande, crecí cuando tocabas el timbre de una casa sin avisar antes, ligado a casettes, teléfonos fijos o públicos, con una elaboración de la memoria sin la ayuda de esa especie de enciclopedia constante que llevamos en la mano, ni esos recursos que hoy día permiten registrar todo tan sencillamente al instante. Aquellos límites promovían un acercamiento más dilatado, una escucha más dedicada, una conexión más honda con las cosas. Me preocupa la pérdida de memoria que noto en mí, en todos; la compulsión al registro fotográfico sin sentido, la compulsión a mostrar y a observar a los otros. A la par, uso y disfruto un montón lo que brindan las nuevas herramientas…
Devenir111:
Para ir al disparador de este número de la revista juego con una canción tuya –y con los círculos de Euler, ponele-. Por un lado, el Uno (“la guitarra y el bolsón”). Por otro, el Mundo (“el avión, el doctor, el computador” que pueden “fallar”-). Y en el campo de intersección la Amistad –vinculada al “encuentro”-… ¿Qué lugar ocupa la amistad en vos?
Pablo:
Bueno… La amistad me parece una forma de relación entre las personas tan intensa como el amor, una variable del amor no cruzada por la pasión sexual –al menos necesariamente-, un compartir. Que tiene esa capacidad hermosa de reavivarse cada vez. Podés no verte durante mucho tiempo, y cuando te ves advertir que ese diálogo persiste, que en ese “encontrarse” uno puede seguir el ritmo, que esa cosa vuelve a estar ahí, viva. Se dice que los amigos son la familia que uno elige, y es un poco así. De los amigos he aprendido mucho, un montón. Aunque no soy muy del “grupo de amigos que se juntan todas las semanas”. También te diría que el tiempo me ha llevado a sentir que tampoco hay por qué estar ligado perennemente a las amistades; como que tendrías que bancarlo y debiera bancarte en todas. Por ahí amigos fueron muy importantes en mi vida, les di y me dieron lo mejor durante 20, 30 años… Pero en un momento te das cuenta que ya no hay. Aunque a la vez tengo amigos y amigas que siento que sí serán infinitos o al menos… Quizás la amistad sea infinita, mientras dura…
Devenir111:
¿Una canción referida a la amistad que recuerdes ahora y te resulte significativa?
Pablo:
“Se van amigos, otros vienen”, de Litto Nebbia. No, esperá, me estoy confundiendo con un tema de Calamaro. Es “El otro cambio, los que se fueron”, sí de Nebbia. Supongo que esa mezcla es mi respuesta…
Devenir111:
¿Algo sobre dos amigotes que se fueron, Palo Pandolfo y Daniel Melingo?
Pablo:
Uh, es duro para mí. Porque realmente siento que dentro del núcleo del rock digamos, de las generaciones que me precedieron, que me preceden, yo básicamente tuve tres amigos, Melingo, Palo y Fito Páez. Me queda Fito… O sea, en este ámbito musical conocí a muchos, pero uno no es amigo de todos a quienes conocés ni de todos a quienes admirás. La diferencia con Palo y Daniel es que fueron amigos, y también maestros. Más allá de que al comienzo fui medio fan, cuando los iba a ver y todo eso, al momento de conocernos encontré una conexión muy honda, muy familiar, muy verdadera. Y eso a la vez termina desarmando la cosa medio paralizante que puede producirte la admiración, lo cual es bueno porque entonces uno se afloja y se abre otro tipo de vínculo. Aunque nunca se desarmó el respeto genuino por el ser artístico de cada uno. Fueron muy generosos, aprendí y compartí un montón con ellos. Recuerdo verlo a Daniel tocar en este piano, improvisando como ajeno al tiempo, perdiéndose en las consonancias y disonancias del sonido. Y con Palo ese nexo espiritual, poético con la existencia, que nos permitía dialogar codo a codo, su zambullirse en el lenguaje, cierto goce en el sentido y más aún en lo sonoro de la palabra…
Devenir111:
Cerremos abriendo: ¿Qué estás haciendo ahora, qué se viene de vos?
Pablo:
Estoy haciendo un nuevo álbum que lanzo ahora para la primavera, presentándolo el 29 de octubre en el Rojas. Como creo que te dije antes, hace tiempo que no hacía un álbum de escritura absolutamente mía. Y a la vez este lo es dentro del marco de formas fijas, arcaicas, que estoy investigando, y a las que estoy violentando, trabajando a mi modo… Lo grabé en un estudio hermoso como es Casa Frida junto a Chowa Ferreira, Pablo Reiche e invitados. Con diseño de portada por Santiago Iturralde.
Es un disco que cruza cierta herencia de música criolla con un sonido de electricidad de alcantarilla, ciudadano, digamos. Guitarra –grabada de formas diversas-, bajo, cuerda, grabaciones de campo, dispositivos sintetizados e intensa investigación ruidista. En un ambiente enrarecido, misterioso… Como la realidad presente.
El álbum se llama El Otro Lado.
Seguramente a fin de año o comienzos del próximo lo presentaré en La Plata, Rosario, Córdoba, y según la situación lo permita.
Después… También el disco marca el camino…

Pablo Dacal, cancionista, músico, escritor, actor, gestor cultural nacido en 1976 en Argentina, ciudad de Buenos Aires, Villa Crespo. Ha grabado numerosos álbumes, compuso música para películas y obras de teatro, presentándose en ciudades de Argentina, América Latina y Europa.
